Capitulo 5: Thatar

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Capitulo 5: Thatar

Mensaje  Draperdi el Sáb Sep 03, 2011 1:27 pm

Capítulo 5: Thatar

Eohnar y Laurane entraron a la par dentro de la Torre de Hechicería de Thatar. Los muros interiores estaban recubiertos de azulejos blancos, azules, verdes y violetas, dando una sensación de frescor que contrastaba enormemente con el calor del exterior. Las puertas principales se cerraron a sus espaldas y ellos avanzaron hasta el centro del vestíbulo. Había varias plantas de aspecto exótico y floreros por todas partes pero sin llegar a ser un ambiente extremadamente bucólico, algunos sofás y una mesa con un pergamino, pluma y tintero. Pero nadie para atenderlos.
- ¿Se han enterado de que hemos entrado o...? – empezó Eohnar.
- Ssshh – lo chistó Laurane, levantando la mano.
Eohnar la miró. Su amiga tenía el ceño fruncido. Había algo extraño en aquella estancia, como una presencia invisible, y Laurane podía notarla. Eso la inquietaba. Miró en derredor, girando sobre sí misma, con los ojos entrecerrados, envuelta en el silencio.
Entonces, los dos escucharon una voz masculina que no supieron muy bien de dónde salió y que pronunció en Arcano:
- Af lat aeris
Al instante, una fuerte ráfaga de viento los azotó, agitando la capa de viaje de Eohnar y el vestido de Laurane, que se le levantó lo necesario para dejar a la vista sus prendas más íntimas. La joven soltó un chillido e intentó taparse en vano.
- ¡¡Yarthen!! ¡¡Maldito seas!! – gritó Laurane.
La ráfaga de aire cesó tan súbitamente como había empezado y, entonces, mago y hechicera escucharon una potente risa proveniente de encima de ellos. Levantaron la cabeza y vieron una galería con una barandilla blanca. Y, apoyado en ella, un joven de la edad de Eohnar, de pelo negro y alborotado.
- Hola Lau – saludó con una sonrisa. – Bonitas bragas.
Laurane soltó un gruñido.
- Flabbe l’ii... – empezó.
El chico desapareció de la galería con cara de asustado.
- ¡No huyas, cobarde! – gritó ella, y echó a correr hacia las escaleras que llevaban a la galería.
Eohnar se quedó parado en el sitio un instante y luego fue en pos de Laurane.
- Laurane, ¿quién es ese?
Pero Laurane no lo escuchaba.
- ¡No podrás huir para siempre, Yarthen! ¡Sé cual es tu habitación!
Cuando llegaron a la galería, el joven de pelo oscuro apareció al final de esta.
- Me la he cambiado.
- Ven aquí – ordenó Laurane.
Yarthen sonrió abiertamente al otro lado de la galería.
- Ahora – añadió Laurane.
La sonrisa de Yarthen se ensanchó.
- No.
- ¡Serás...!
Laurane echó a correr por la galería hacia él pero el chico no se movió. Eohnar la siguió, deseando que Yarthen huyera si no quería acabar con un chichón en la cabeza. Pero cuando llegó donde se encontraba, en lugar de darle un bofetón o una colleja, como él se esperaba, se le abrazó. El tal Yarthen también la abrazó con fuerza. Eohnar se quedó a dos velas contemplando la escena mientras su pelo se tornaba de color blanco. Laurane no le había abrazado a él de esa manera...
Yarthen y Laurane se separaron.
- Me alegro de volver a verte – dijo ella.
- Y a mí. Aunque no pensaba que volverías tan pronto. Se te veía tan feliz junto a aquel Capitán barbudo...
- No estaba feliz. Me capturaron en contra de mi voluntad.
Yarthen se rió.
- ¿Y el beso que le diste era el beso de la muerte?
Laurane puso los ojos en blanco.
- Era joven y el mar me pareció muy atractivo en ese entonces.
- El que te pareció atractivo fue el capitán.
- ¡Ya esta bien de meterse conmigo! ¡Me cansé de estar aquí! ¡Por eso me fui!
Yarthen se le acercó a ella hasta que sus narices se rozaron, mirándola fijamente a los ojos.
- Yo creo más bien lo contrario.
Laurane se apartó desviando la mirada. En aquel momento supo que si Yarthen le miraba a los ojos podría adivinar la verdad. Y eso era algo que quería evitar a toda costa.
- Por cierto, ¿quién es tu amigo arco iris?
Eohnar había estado contemplando la conversación en silencio y su pelo había estado pasando del blanco al naranja y viceversa.
- Vaya. Perdonadme. No os había presentado - dijo contenta de haber dejado el tema de su partida apartado - Yarthen, este es mi amigo Eohnar. Eonhar, Yarthen.
Yarthen le tendió la mano con una sonrisa
- Un placer, arco iris. ¿Te importa si te llamo arco iris?
- Sí. Me importa - dijo estrechándole la mano.
- Era broma, Eohnar. Bueno, cambiando de tema. Queríais ver a la Maestra, según he oído.
Eohnar asintió.
- Hemos venido a advertirla.
- Entonces seguidme. Os está esperando.


La acostumbrada tranquilidad y silencio que solía reinar los corredores parecía haberse escondido en los rincones más oscuros. Todo el palacio estaba patas arriba. Los guardias iban apresurados de un lado a otro haciendo sonar sus armaduras de acero al correr. Armaduras de un acero ligero, nada que ver con el acero que los humanos solían utilizar. Los humanos podían ser fuertes, podían ser numerosos, pero carecían por completo de la agilidad, astucia e inteligencia que los elfos oscuros poseían.
Los criados se encontraban más intranquilos aún que sus señores. Iban de un lado a otro, corriendo todo lo que podían, para poder preparar lo antes posible las armas y las provisiones para el ejército que no tardaría en marchar. Algunos de ellos tendrían que acompañar a sus señores a la guerra. Luxhienn estaba entre esos que debían marchar. No sabía si sentirse o no afortunado. Pero lo que si sabía era que tenía una oportunidad para poner su plan en marcha. Un plan que tenía elaborado desde el momento en que pasó a formar parte de los criados de palacio. Un plan, que sin duda alguna, lo llevaría a estar junto a la élite de Nobrieth.


Yarthen condujo a Eohnar y a Laurane por diversas galerías que se abrían a diferentes rellanos en diferentes pisos de la torre. La decoración no variaba: azulejos verdes y azules por doquier, algún que otro cuadro con paisajes costeros y un par de pergaminos con anotaciones de los estudiantes de Thatar. Al cabo de unos minutos andando, Yarthen enfiló por un pasillo decorado con conchas al final del cual había una puerta blanca. Llamó con los nudillos y habló.
- Maestra, los invitados están aquí.
Y, sin esperar contestación, abrió la puerta. A Eohnar le chocó esa acción, pero se apresuró a entrar en la estancia detrás de Laurane antes de que Yarthen cerrara la puerta.
El despacho de la Maestra de Thatar era bastante más pequeño que el del Maestro de Välar, pero visualmente más atractivo. Tal vez fuera porque era el despacho de una mujer. Al fondo de la estancia estaba el escritorio, de una madera blanca y brillante, y en la pared de detrás un enorme mapa de Kowatar. A su izquierda se encontraba la pila que servía para comunicarse con el resto de las torres, igual que la de Välar, aunque algo más pequeña y menos ornamentada, y, sobre esta, varios estantes llenos de libros y un par de macetas con flores de colores. A la derecha del escritorio colgaba una cortina traslúcida de color azul que daba a un pequeño balcón y dejaba entrar la luz. Eohnar echó en falta la chimenea, pero era obvio que en aquel lugar no hacía falta.
Pero la estancia estaba vacía.
- ¿Maestra? – preguntó Laurane, caminando hacia el escritorio.
Enseguida una mujer apareció del otro lado de la cortina. Era menuda en estatura, tenía el pelo corto, al estilo draenita, y canoso, pero de aspecto joven. Vestía la misma túnica dorada que el Maestro de Välar, aunque el sombrero reposaba encima de la mesa. Su semblante era sereno, tranquilo y serio. Algo le dijo a Eohnar que esa mujer no escondía una secreta pasión por burlarse de sus estudiantes como su Maestro. La mujer se colocó delante de su escritorio y miró a los presentes, empezando por Yarthen.
- He llamado a la puerta – se excusó este.
La Maestra no dijo nada y miró a Laurane.
- Bienvenida, Laurane.
- Gusto en volverla a ver, Maestra – saludó la joven hechicera haciendo una reverencia. La mujer se la devolvió y miró a Eohnar. – Él es Eohnar Puregic, un mago de Välar.
Eohnar se apresuró a hacer una reverencia y casi se resbaló con las prisas.
- Preséntale mis respetos a tu Maestro, Eohnar – dijo la Maestra.
- Así lo haré – respondió éste, recuperando el equilibrio.
- Querías hablar conmigo, ¿no es así, Laurane? – la Maestra se dirigió a la joven, que alzó la cabeza.
- Sí, Maestra. Hemos creído conveniente que debería estar en sobre aviso, solo por si acaso...
- ¿En sobre aviso? – repitió ella.
- Tenemos información... La fuente no es del todo fiable pero se habla de una alianza entre los elfos oscuros y los piratas.
La Maestra se mantuvo seria y siguió escuchando.
- También dicen que quieren apoderarse de una de las Seis Torres. No es seguro, pero aún así hemos venido directos aquí.
La Maestra desvió la mirada hacia el balcón, desde el que se veía el mar a través de la cortina translúcida. Sabía por qué habían decidido avisar primero a la Torre de Thatar: porque estaba en la costa y porque los piratas frecuentaban la costa este del cabo de Thatar desde hacía tiempo, aunque nunca habían llegado a atacar ninguna población.
- No sé qué les habrán ofrecido a los piratas pero ellos no son amigos de hacer pactos con nadie.
- Eso lo sabes tú bien – añadió Eohnar por lo bajo.
Laurane le dio un golpe con el brazo en la tripa para que se callara. Por suerte, la Maestra seguía mirando hacia el balcón y ni oyó el comentario de Eohnar ni vio el manotazo de Laurane. La joven soltó un suspiro de alivio apenas perceptible y fue a ponerle mala cara a su amigo, pero en ese momento la Maestra los volvió a mirar y ella clavó la vista en su mentora.
- Está bien, Laurane, gracias por la información. Me encargaré de activar las defensas y de avisar a los estudiantes. Yarthen.
- ¿Si?
- Reúnelos a todos y adviérteles de la situación. Y en cuanto a vosotros – añadió dirigiéndose a Eohnar y Laurane – deberíais descansar...
- Hay algo más, señora... – empezó Eohnar
La Maestra lo contempló un instante. Eohnar se sintió un poco intimidado por como le observaban esos ojos tan azules. Era bastante diferente a estar frente a su calvo, viejo y bonachón Maestro de la Academia.
- ¿De qué se trata? – preguntó.
- Sabemos que los elfos oscuros están buscando magos.
La Maestra ladeó la cabeza, interesada.
- ¿Por qué?
- No sabemos el motivo pero están experimentando con ellos. Están construyendo una máquina. No sabemos nada más, pero es una información fiable.
- ¿De dónde la habéis sacado?
Eohnar se mordió la lengua y miró a Laurane, que le contemplaba con los ojos muy abiertos. Su boca era apenas una línea tensa y blanca.
- Pu-pues... – empezó Eohnar, y su pelo, que hasta entonces había sido plateado, se puso de color rojo.
Yarthen se contuvo una risita pero la Maestra se mantuvo seria, impasible ante aquel cambio de look, esperando una respuesta.
- Lo escuchamos en una posada de la frontera de Nobrieth – dijo finalmente el mago.
- ¿De boca de quién? – quiso saber ella.
- De un viajero. Dijo que había estado prisionero en Nobrieth, en la Ciudad de la Eterna Noche, pero que había conseguido escapar. Él escuchó a los guardias hablar sobre ello. Había un mago en la celda contigua. Se lo llevaron y no volvió a aparecer.
La Maestra fue a hablar pero Yarthen se le adelantó.
- ¿Cómo era ese viajero?
Parecía interesado. Eohnar vaciló.
- Eh... – El rojo de su pelo se hizo más intenso y él deseó que ninguno de los dos draenitas se dieran cuenta de que se debía a sus nervios. – Era alto, gordo, muy feo...
Pudo sentir que Laurane giraba la cabeza para mirarle, pero no quiso verle la cara. Ya le estaba costando bastante mentir delante de aquella mujer que parecía bucear dentro de él. Yarthen se cruzó de brazos. Parecía desilusionado.
- Ese tipo de gente suele inventarse las cosas para llamar la atención. Y más aún en una posada. Seguro que todo era mentira.
- ¡No era mentira! – exclamó Laurane, sin poder contenerse. - ¡Yo lo vi! ¡Vi al mago, vi cómo se lo llevaban! ¡Y escuché a los guardias hablar sobre una máquina!
Eohnar se giró a la velocidad de la luz, ojiplático. No se podía creer que Laurane se hubiera delatado. Ahora, él había quedado como un embustero. Pero había alguien que estaba más sorprendido que él. Yarthen descruzó los brazos y respiró profundamente antes de hablar.
- ¿Tú...? ¿Tú estuviste en La Ciudad de la Eterna Noche?
- Sí – respondió Laurane, ya que mentir era inútil. – Y conseguí escapar.
Miró de reojo a la Maestra. Si estaba asombrada, desde luego no lo parecía. Yarthen contempló el suelo y se llevó una mano a la cabeza, como si estuviera asimilando un duro golpe. Eohnar lo contempló. A él también le había sorprendido enterarse de eso cuando Laurane se lo contó en la Academia, pero no le había afectado de esa manera.
- Si me disculpáis, voy a... avisar a los estudiantes.
Hizo una fugaz reverencia a la Maestra y salió raudo de la habitación. Laurane lo vio marchar con la preocupación bañándole el rostro y el corazón. No había sido su intención inquietarle así. Cuando la puerta se cerró, poco a poco, la joven se giró hacia la Maestra, que la observaba con sus ojos de hielo. Esta se tomó su tiempo en hablar.
- Dejando aparte el hecho de que camuflabas la fuente de información, que era el detalle más importante, no me parece mal que intentaras proteger a tu amiga.
Eohnar tardó unos segundos en darse de cuenta de que le estaba hablando a él.
- Esto... Bueno, yo...
- Déjanos solas, Eohnar.
Eohnar agradeció que le dejara tranquilo, pero le dio pena Laurane. Hizo una lenta reverencia, con la esperanza de darle algo de tiempo a Laurane para pensar bien sus respuestas, y con paso lento salió del despacho y cerró la puerta.



Luxhienn se mantenía firme junto a los otros cinco sirvientes. Los elfos oscuros que iban a formar parte de la partida vestían zapatos de cuero y capas marrones que les cubrían por completo. Los acostumbrados caballos elfitos habían sido sustituidos por caballos normales, algunos de ellos parecían incluso enfermos. Luxhienn había acertado con sus predicciones. Eran un grupo de 35 en total. Seis de ellos eran criados de confianza recomendados por el encargado superior del servivio en palacio. Solo faltaba uno de los asignados.Ya era hora de partir y aun no había aparecido.
- Esta tardando mucho.-murmuro uno de los criados que estaba a su derecha
- Tal vez se este preparando.-dijo la joven de su izquierda
- Esto es una falta de profesionalidad.-susurro otro.
- O tal vez ya este aquí.-murmuro Luxhienn
- Es verdad…mira-dijo haciendo un leve movimiento de cabeza
Luxhienn se quedó mirando al recién llegado. Iba exactamente como todos los demás. Pero algo en el era diferente.
- Es extraño…-volvió a murmurar.-hay algo en él que no encaja.
- El que?-preguntó la criada.
- Sus manos, parecen estar…muy maltrechas. Demasiado.
- Eso será por que es un incompetente. No solo nos ha hecho perder el tiempo…además es un inútil.
La joven criada sonrió.
- Creo que ya me he divertido suficiente…-se acercó al recién llegado y le susurro-ve al sitio que te corresponde.
Todos se quedaron parados
- Bien. Permitidme que me presente. Soy la teniente general Lylith, y seré la que llevará el mando en esta pequeña expedición. Como habréis podido comprobar, os he podido engañar fácilmente. Aunque no a todos - dijo mirando a Luxhienn - Esa es mi especialidad. Ahora pongámonos en marcha. No quiero que perdamos un momento más. Nuestra marcha será rápida hasta la frontera. A partir de ahí dejaremos de ser elfos oscuros. ¿Ha quedado claro? Iremos aclarando detalles por el camino.
Luxhienn miró a Lylith atentamente. Tendría que tener cuidado con ella. Era una mujer astuta, maestra del engaño, buena en su trabajo. El mismo había bajado la guardia hacia unos momentos. Ningún criado se habría fijado en esos detalles. ¿O si? Solo esperaba no llamar demasiado su atención, aunque esa podría ser una buena manera de acercarse, de subir posiciones, de ganarse su confianza.
- ¿Cómo te llamas?
Luxhienn se quedó parado y miró a Lylith.
- Hylan, mi señora. Hylan para servirle.
- No te había visto antes, Hylan.
- Me paso todo el día en las cocinas…y tampoco hace demasiado que trabajo en palacio.
- ¿Te gusta tu trabajo?
Luxhienn se quedó mirándola, pensativo, intentando descifrar qué había detrás de tantas preguntas. Pero era evidente que era bueno en aquello. Su rostro era una máscara, un muro infranqueable para sus ojos y su astucia y pocos eran los que podían escapar a su mirada escrutadora. Pero aquella mujer era diferente. Fue entonces cuando entendió como había llegado a tener el puesto que tenía y por qué le había encomendado esa misión.
- No me quejo. Tengo trabajo y ya debería estar contento con eso.
- Pero no lo estás. Eres ambicioso, Hylan. Todos lo somos, aunque no lo tengamos claro. Es lo único que puedo ver en ti y eso te hace diferente.
- ¿Diferente, mi señora? Yo creo que soy como cualquier otro cocinero que aspira a algo más en la vida.
- Puede que cualquier cocinero aspire a algo más pero tú estás seguro de que lo conseguirás.
- Si estoy seguro es por que usted pretende ofrecerme algo mejor, ¿no es así?
- Puede, pero no está todo ganado. Convénceme de que lo que veo en ti es verdad y tal vez consigas lo que quieres.
Luxhienn observó como Lylith se adelantaba. Dos golpes de suerte ya eran demasiados. Puede que aquello fuera una gran oportunidad o tal vez no. No estaba seguro de aquello. Lylith era una mujer inteligente y buena ocultando la verdad. Demasiado buena. Y eso le impedía estar seguro. Pero, fuera lo que fuera, debía de avanzar en esa dirección, no podía echarse atrás. Se ganaría su confianza y aprobación fuese como fuese. Solo había otra cosa que le inquietaba. Y era algo que había aprendido con años de dura experiencia. La suerte es caprichosa, y favorece tanto a unos como a otros. ¿Qué sería lo que la suerte les daría a sus rivales? Lo único que sabía es que cuanto antes lo supiera, mejor.


Eohnar caminaba de uno a otro lado del pasillo, nervioso, aunque su pelo ya había vuelto a la normalidad y presentaba un color castaño oscuro. De vez en cuando, se detenía, miraba la puerta y volvía a emprender la marcha. Al cabo de un rato, apareció Yarthen. Parecía algo más tranquilo que antes y venía sonriendo. Eohnar se fijó en que tenía un mechón blanco en el pelo, algo que había pasado por alto, y que su cabello era bastante largo para tratarse de un chico.
- Hola arco iris – saludó Yarthen, y se apoyó en la pared junto a él.
- Eohnar.
- Ya, ya lo sé. Pero mola cómo te cambia de color el pelo.
- Es un incordio – repuso el otro.
La sonrisa de Yarthen se ensanchó.
- ¿Ya has avisado a todos los estudiantes? – preguntó Eohnar, extrañado.
- Sí.
- Qué rápido, ¿no?
- Esto no es la Academia, amigo. Aquí no hay tanta gente como allí.
- Ya, también es verdad... – comentó Eohnar, cayendo en la cuenta.
Hubo un instante de tenso silencio entre los dos que Yarthen rompió.
- ¿Y hace mucho que conoces a Laurane?
Eohnar notó cierto tono de excesivo interés, pero aún así respondió.
- La conocí cuando tenía ocho años. Estudiamos juntos en la Academia durante siete años. Pero se marchó antes de graduarse. Ya sabes cómo es.
Yarthen soltó una risa.
- Sí, sí, no puede parar quieta. Y siempre se mete en problemas.
- Sí... – susurró Eohnar, recordando la primera vez que Laurane se coló en las cocinas de la Academia. Y no pudo evitar que se le escapara una sonrisa al acordarse. – Pero tiene la mala costumbre de marcharse sin avisar.
- No fastidies que a ti te hizo lo mismo – comentó Yarthen.
El mago asintió apretando los labios en una mueca de resignación.
- Me levanté esa mañana y una compañera me dijo que se había largado. Me quedé fatal.
- Yo igual, tío – repuso Yarthen. – Fui a entregarle un recado a la Maestra y de repente me salta que Laurane se había marchado. No supe hasta después de unos días que se había ido con los piratas. ¡Con los piratas, tú te crees! Se me quedó una cara de tonto...
Eohnar sonrió y el silencio volvió a rodearles, haciendo desaparecer ese ambiente de casi amistad que en un momento se había creado mientras hablaban de Laurane.
- Oye Eohnar, una pregunta. ¿Tú sabes qué hizo Laurane para que la llevaran presa a La Ciudad de la Eterna Noche?
Eohnar asintió. Yarthen le urgió con una mirada a que respondiera y Eohnar puso los ojos en blanco.
- Les ganó una partida de cartas.
- ¡Esta chica! – exclamó Yarthen con una risotada.
Pero Eohnar distinguió algo oculto en esa risa, algo que había visto también dentro de la habitación. ¿Preocupación? No. Interés. Excesivo. Pero antes de que pudiera preguntarle si lo preguntaba por curiosidad o por algún otro motivo oculto, la puerta del despacho se abrió y apareció Laurane. Los dos chicos se incorporaron.
- ¿Qué te ha dicho? – preguntaron casi a la vez.
- Me ha echado la bronca – murmuró Laurane.
Eohnar y Yarthen se quedaron un instante en silencio.
- Vaya... – comentó Eohnar.
- Tampoco me esperaba otra cosa. Escaparme con los piratas fue un acto ilegal y, claro, me merezco un castigo.
- ¿Te ha echado de la Torre? – preguntó Yarthen con cara de preocupado.
- ¿Cómo va a echarme de la torre, Yarthen, si fui yo la que me marché? – repuso Laurane con ironía. – No, – añadió antes de que su amigo respondiera – no es eso. Pero me ha despojado de mis privilegios como alumna.
Eohnar la miró un momento, luego miró a Yarthen y después, otra vez a Laurane.
- ¿Te ha quitado la titulación?
Laurane se encogió de hombros.
- Ahora es como si nunca hubiera estudiado aquí.
- ¿Tendrás que recuperar los dos años que estudiaste aquí?
- Bueno, quien dice recuperar... Mi magia siempre va a estar ahí. Me da igual tener un papel que lo certifique.
Eohnar negó con la cabeza y Yarthen se rió.
- Nunca cambiarás, Lau – dijo el moreno.
- Y da gracias de ello.
- ¿Te ha dicho algo más la Maestra? – preguntó Eohnar
- Sí – respondió Laurane. – Va a avisar al resto de Torres para que estén alerta, por si acaso.
Eohnar asintió. Sus sospechas sobre los piratas eran una información poco fiable, todo había que decirlo. Pero el asunto de los magos lo traía de cabeza y aún más desde que esos elfos oscuros los habían apresado en la taberna de Rodolof. Si no hubiera sido por Tamir, los dos habrían acabado Dios sabía dónde.
- Bueno chicos, – dijo Laurane sacándolo de sus pensamientos – yo me voy a bañar. ¿Os venís?
Eohnar abrió los ojos como platos.
- ¿Q-q-qué?
- Malpensado – se rió Yarthen, y le dio un golpe en el hombro que casi lo hizo caer al suelo. – Lau habla de los acantilados. Es la mejor atracción de Thatar. No me digas que no has oído hablar de ellos.
Eohnar se frotó el hombro donde Yarthen le había golpeado no tan suave como creía.
- Ah, ya, los acantilados, claro...
- ¿Te atreves a saltar, Eohnar? – lo retó Laurane.
El mago se irguió.
- Pues claro, ¿qué te crees tú?
- Genial, vamos chicos.
Laurane los cogió a uno de cada brazo y echó a andar rápido escaleras abajo. Recorrieron de vuelta todos los pasillos llenos de azulejos hasta la galería en la que habían visto a Yarthen por primera vez tras su llegada y bajaron por otras escaleras que dieron al exterior. Un calor húmedo los recibió, acompañado de una ligera brisa marina que lo hacía algo más soportable. Ante ellos se expandía un pequeño jardín salvaje y poco cuidado que terminaba de lleno en unos acantilados. Los tres amigos se dirigieron hacia él y se detuvieron en el borde. A sus pies, las olas del mar golpeaban con fuerza la pared de roca, llenándolo todo de espuma de mar. A lo lejos únicamente se veía una alfombra azul infinita que era el Mar del Sur. Laurane soltó a los chicos y empezó a quitarse la ropa.
- Bueno, bueno, bueno... ¿Sin pudores ni nada, eh Lau? – bromeó Yarthen.
Laurane le tiró el vestido a la cabeza, quedándose con otro de color blanco que tenía la apariencia de un camisón.
- Venga, ¿a qué esperáis? – lo urgió mientras se quitaba las botas.
Ambos chicos la imitaron. Se quitaron el calzado seguido de los pantalones y la camisa. Cuando los tres estaban en igualdad de condiciones, se acercaron al borde del precipicio otra vez. Entonces Eohnar reparó en algo. Pegada a la roca había una plataforma llena de algas suspendida a unos pocos metros sobre el agua, aunque las olas la cubrían cuando rompían. Por ello no la había visto antes.
- Laurane, – dijo, incapaz de llamarla Lau, como hacía Yarthen - ¿qué es eso?
- Un elevador – contestó ella. – Para subir de vuelta al acantilado. Así te evita las molestias de nadar hasta la playa.
- Ahá, entiend...
Eohnar no pudo terminar la frase porque un súbito empujón lo mandó a volar al otro lado del precipicio.
- Hija de...
Laurane no llegó a escuchar más porque Eohnar se precipitó hacia el mar mientras ella se reía a carcajada limpia. Yarthen y ella se asomaron al risco y vieron a Eohnar desapareciendo entre las olas y reapareciendo al cabo de unos segundos.
- ¡Deberías vigilar mejor tu espalda! – le gritó su amiga desde lo alto.
Escuchó a Eohnar decir algo, pero con el ruido del agua no le entendió. Pero entonces la tierra cedió bajo sus pies. Yarthen logró saltar a tiempo, pero Laurane no tuvo la misma suerte y cayó sin remedio hacia el agua con un grito, sin posibilidad de invocar su magia del aire debido a la sorpresa. Se hundió en el agua y sintió como se refrescaba y su adrenalina descendía tras estar en su punto más alto durante la caída. Salió a la superficie y se frotó los ojos antes de abrirlos. Eohnar estaba a un par de metros de ella, flotando en el mar, con una sonrisa en la boca.
- Y tu deberías mirar por donde pisas.
- Te voy a...
- ¡Cuidado, que voy!
Los dos amigos miraron hacia arriba un instante antes de apartarse y abrir paso a un inmenso proyectil llamado Yarthen que se hundió en el mar salpicándoles a los dos.

La luna brillaba con su luz blanquecina e iluminaba tenuemente aquel desolado paisaje. El cielo estrellado de la noche sin ninguna nube hacía que el frío del desierto de Rasia fuera mucho más intenso aquella noche. El pequeño grupo iba bien abrigado y cubierto hasta arriba a pesar de que no soplaba viento. Después de dos semanas y media de duro viaje habían conseguido llegar a su objetivo. Habían tardado seis días más de lo que cabía esperar. La marcha era lenta, y a mitad de camino se habían encontrado con una tormenta de arena que les había retenido un par de días. Pero, aparte de ese pequeño contratiempo, no habían sufrido ningún otro problema, lo que hizo que Luxhienn se cuestionara el por qué de un grupo tan grande.
No tuvo que pasar demasiado tiempo para saciar su curiosidad. Se habían parado en una gran duna con forma de “u” de unos cuatro metros de altura, justamente en la parte de sotavento. Un lugar ideal para esconderse sin ser descubiertos, y al mismo tiempo para evitar que cualquier posible ruido u olor llegara al enemigo, ya que si hubiera habido viento habría sido a su favor y no les habría revelado la posición a su enemigo. El único problema era que, desde aquel lugar privilegiado, apenas se podía distinguir lo que había al otro lado, es decir, su destino.
Luxhienn apuró la vista e intentó adivinar qué había más allá. Lo único que pudo distinguir era unos montes rocosos que no habían sido meteorizados y se erigían ante ellos en láminas de un color rojo que podía distinguir gracias a esa buena vista nocturna que los elfos oscuros poseían. Lylith los miró a todos:
- Detrás de esta duna está lo que buscamos. Hay cuatro tangenos vigilando el perímetro. Dos en la entrada y dos más dentro, haciendo un total de seis - susurró en una voz apenas audible.
Luxhienn entendió entonces el motivo. Si el objetivo no hubiera estado vigilado no hubieran hecho falta tantos soldados. Lylith les dio órdenes silenciosas a diez de los soldados presentes que desaparecieron como si de polvo en el viento se tratara. Desaparecieron de una forma práctica, rápida, elegante y sin errores como si flotaran sobre la arena. Por la forma en que se movieron, Luxhienn pudo adivinar que eran de la elite conocida como ASE, Asesinos Silenciosos Especiales, un grupo de elfos entrenados en el arte del sigilo, en el arte de matar desde lo más profundo de las sombras, un arte que solo unos pocos podían dominar con maestría. Y de esa forma iban a entrar y a salir de allí aquella noche. En silencio.
Junto a él estaban el resto de los criados. Parecían estar algo inquietos. Pero era normal. Ese tipo de esperas siempre inquietaban. Los soldados que habían permanecido allí hacían guardia esperando la señal de los demás que les indicaría que el camino estaba despejado. Luxhienn no sabía cuanto tiempo pasó pero, a pesar de que él era paciente, le pareció una eternidad. Sin emargo, como las cosas importantes, la señal que estaban esperando llegó cuando menos se lo esperaban. Una pequeña luz se divisó no muy lejos de allí en la cima de los pequeños montes, lo poco que se divisaba desde el lugar en el que ellos se encontraban.
Lylith señaló a cinco de los soldados.
- Vosotros quedaros aquí vigilando, ya sabéis como. Y vosotros - añadió dirigiéndose a los seis criados - preparadlo todo para marcharnos cuando regresemos. No quiero peso innecesario. Todo lo prescindible se quedará aquí.
Y, tan pronto terminó de decirlo, se marchó de allí tan silenciosa como la noche misma seguida de unos soldados no tan silenciosos. La calma por unos instantes fue total. Hasta que los cinco soldados que estaban con ellos fueron a ocupar posiciones de vigilancia, en el más absoluto silencio, sin decir nada. Aquello era una de las cosas que hacía más implacables a los elfos oscuros. Esa total disposición a acatar ordenes, esa disciplina que Luxhienn no había visto nunca en ningún otro lugar.
En ese momento, todos los criados empezaron a quitar cosas del carro y a ponerlo en mochilas individuales. Cosas esenciales como comida y víveres. Luxhienn miró a sus compañeros mientras guardaba la comida en una de las mochilas. En especial a uno de ellos. Lo había estado observando durante todo el viaje. Sidhion, se llamaba. Era el mismo que había llamado inútil a Lylith sin saberlo y que, desde entonces, el rencor era lo único que sentía por ella. Por mucho que intentara disimularlo, sus miradas le delataban. Y por eso mismo sabía que era el candidato perfecto para su plan, y que debía ponerlo ya en marcha. Luxhienn miró a su alrededor percatándose de que no hubiera nadie que pudiera sospechar ni ver lo que estaba a punto de hacer. Los soldados miraban en dirección al horizonte -no se preocupaban de lo que tenían a sus espaldas- mientras que los otros criados estaban ocupados haciendo lo que se les había pedido. Aquel era el momento adecuado para ponerlo todo en marcha. Dejó en silencio lo que estaba haciendo, se acercó a Sidhion por detrás y le coloco una mano en el hombro. El criado se dio la vuelta algo sobresaltado y le miró a los ojos. Justo lo que necesitaba. Contacto visual. Empezó a sentir como una parte de él, una parte ínfima de su conciencia, de su ser, entraba a través de los ojos de Sidhion y penetraba en lo más profundo de su mente. Sintió también sus sentimientos: celos, envidia, sentimientos de querer ser alguien más de lo que era. Pero también sintió miedo. Luxhienn sabía por qué era, en todos pasaba lo mismo. Un intruso, alguien había entrado en una parte de ellos que desconocían y se iba a quedar ahí hasta que cumplieran lo que se les había ordenado. Era una sensación que Luxhienn detestaba con toda su alma. No solamente obligaba a alguien hacer algo que no quería... sino que una parte de él moría al hacerlo. Todo en ese mundo tenía un precio y a veces era demasiado alto. Sentía la voluntad de su víctima caer poco a poco hasta quedar inutilizada y entonces era el momento en el que la suya propia, la del propio Luxhienn, dejaba una huella que desaparecería más tarde.
El contacto se desvaneció, y aunque a Luxhienn siempre le parecía que duraba minutos, no habían pasado apenas unos segundos. Aquella horrible sensación de estar en dos sitios a la vez le invadió.
El tal Sidhion le miró y volvió a sus quehaceres como si nada hubiera pasado. Luxhienn hizo lo mismo y continuo con sus tareas ignorando aquella sensación tan extraña y, a la vez, tan familiar para él.

El sol se hundía al final del horizonte tiñendo el cielo de naranja, rosa y rojo. Las gaviotas sobrevolaban el mar lejos del acantilado atentas a cualquier pez que se acercara demasiado a la superficie. Junto a la pared de roca, sentada sobre el elevador recubierto de algas, Laurane contemplaba a sus dos mejores amigos hacerse aguadillas entre ellos. En esas pocas horas que llevaban juntos jugando en el agua, Eohnar y Yarthen habían hecho buenas migas y ya se trataban como buenos amigos. El suave viento vespertino agitaba el pelo mojado de Laurane y lo ondulaba, mientras ella hacía dibujos en las olas antes de que estas rompieran y le mojaran los pies. La marea había descendido y el agua ya no tapaba la plataforma donde ella se sentaba. Tras otra rápida y tierna mirada hacia los dos chicos, la joven posó los ojos en el sol que se escondía. Pese a que atardecía, el calor apenas había disminuido y el enorme astro se recortaba contra el cielo como una norme galleta de color ámbar.
- ¡Ah, capullo! – gritó de repente Eohnar - ¡Me ha entrado agua en la nariz!
- Ups, perdón – se disculpó Yarthen, aunque sin sentirlo en absoluto.
Eohnar se apoyó en la superficie de la plataforma y se impulsó para salir del agua. Sin esfuerzo, quedó sentado junto a Laurane, que lo observó. Su pelo se había tornado azul oscuro, símbolo de que algo le había molestado, y se le pegaba a ambos lados de la cara, salvo las puntas, que se curvaban hacia fuera como pequeñas sonrisas goteando agua.
- ¿Estás bien? – preguntó Laurane.
- Sí – respondió su amigo, que se daba golpecitos en la cabeza para mitigar el dolor punzante por haber respirado agua. – Sí, estoy bien, pero ese – señaló a Yarthen que se reía mientras flotaba entre las olas – va a morir.
En ese momento, se escuchó un potente estruendo, como un cañonazo, y a los pocos segundos, algo impactó contra la piedra, resquebrajándola y rompiéndola. Los trozos cayeron sobre Laurane y Eohnar, que rápidamente se echaron al agua para evitar que estos les golpearan. Varios rocas cayeron al mar, pero por suerte ninguna encima de ellos. Los dos amigos salieron a la superficie y observaron una enorme oquedad en la pared del acantilado que había desprendido parte de la plataforma.
- ¡Eohnar! – gritó Laurane.
- No he sido yo – repuso este, que había aparecido a su lado.
- ¿Quién demonios...? – empezó Yarthen dándose la vuelta, pero enmudeció.
Como si se tratara de una sombra, la silueta de un barco se recortaba contra el ámbar del sol.
- Piratas – masculló Laurane.
Dos nuevos cañonazo impactaron contra la plataforma desprendiéndola aún más, seguidos de un tercero que finalmente la arrancó del todo. Los tres chicos vieron como la inmensa estructura se venía encima de ellos. Aunque nadaran, no lograrían escapar, y no pudieron hacer otra cosa que gritar y cerrar los ojos.
Algo dorado y borroso pasó volando junto a ellos y los apartó del trayecto del elevador, que se estampó contra el mar causando una gran ola. Laurane notó el viento en la cara y algo suave y sedoso contra su piel, y abrió los ojos. Lo primero que vio fue la enorme ola alejándose a sus pies, seguido de los jardines de la Torre de Thatar vistos desde el cielo. Se puso pálida y pegó un grito de miedo. Estaba encima de Tamir. Se agarró a Eohnar que estaba sentado delante de ella.
- ¡Quiero bajar! – chilló con todas sus fuerzas.
- ¿Seguro? – preguntó Eohnar.
Laurane contempló como nuevos cañonazos de los piratas impactaban contra el acantilado e, incluso, algunos lo hacían contra la propia Torre. Y se lo pensó mejor. Se abrazó más a Eohnar y preguntó a voz en grito:
- ¿Y Yarthen?
La respuesta vino por si sola. Un grito de alegría que venía de debajo de ellos. La joven maga se inclinó hacia su derecha para observar debajo de la barriga de Tamir como esta llevaba enganchado entre sus patas delanteras a Yarthen, que parecía disfrutar de aquel vuelo sorpresa.
- Es la primera vez que monto en una quimera – exclamó.
Tamir giró en redondo y se quedó suspendida en el aire. Los tres amigos contemplaron la torres. Un par de balcones se había desprendido y habían caído en los jardines, pero los disparos pronto dejaron de impactar cuando un fino resplandor color lavanda cubrió la Torre como si fuera una película.
- Es una barrera protectora – se alegró Eohnar.
- La Maestra la habrá conjurado – dijo Yarthen desde debajo de Tamir.
Laurane contempló la torre con la boca apretada. Aquella torre había sido su hogar también. Igual que Välar. Los dos años que había pasado allí habían sido suficientes para cogerle un cariño especial. Y no iba a permitir que los piratas lo atacasen. Ella los conocía. Y sabía que una barrera protectora no los detendría. Rodolof tenía razón. Querían hacerse con una torre de Hechicería y Thatar había sido su elección.
- Tenemos que bajar – ordenó.
- ¿Y que nos revienten a cañonazos? – chilló Eohnar.
- La barrera no los va a detener. Seguirán disparando, el acantilado cederá y la Torre se precipitará al mar.
Como si corroborase las palabras de Laurane, un enorme fragmento de piedra se separó de la pared del acantilado, llevándose con él parte de los jardines de la Torre.
- ¿Vamos a pelear? – preguntó Yarthen con voz quejica – ¡Estamos medio desnudos! ¡Yo no puedo luchar con los calzoncillos mojados!
- ¡Es nuestro hogar, Yarthen!
- ¡Ya lo sé! ¡Lo sé! – Yarthen pataleó entre las patas de Tamir y apunto estuvo de caerse de entre ellas.
- ¿Y qué hacemos? – preguntó Eohnar.
Laurane entrecerró los ojos y visualizó tres barcos piratas que se acercaban cada vez más al acantilado.
- Tenemos que destruir esos barcos.
En ese momento, un cañonazo pasó rozándole la cabeza. Tamir se agitó y salió volando. Yarthen resbaló de entre sus patas con un grito, pero consiguió agarrarse a la cola del animal, que soltó un rugido de molestia. Eohnar y Laurane giraron las cabezas para comprobar que estaba a salvo. Su amigo les levantó el pulgar.
- Chupado.

Cuando lo tuvieron todo listo en mochilas individuales, esperaron pacientes a que Lylith regresara con los demás soldados con aquello que habían ido a buscar. La espera no se demoró demasiado, pues pronto llegaron apresurados hasta donde ellos estaban con nuevas monturas. Consigo traían ocho Hoskars. Animales grandes y fuertes de cuello corto, con robustas patas y piel dura que les ayudaban a mantener la temperatura corporal y, al mismo tiempo, evitar la deshidratación. Tenían un color oscuro y una cara aplastada. Los animales eran fuertes y podían montar tres personas de peso normal perfectamente .Parecían mirarlo todo con curiosidad pero no eran animales conocidos por su inteligencia. Por lo tanto no iban a suponer ningún problema. Lylith señalo las mochilas:
- Que cada uno coja una. Nos marchamos inmediatamente antes de que el cambio de guardia llegue aquí y vea que no hay nadie vigilando.
Todos obedecieron las órdenes sin rechistar ni decir una palabra. Luxhienn sentía la mirada de Lylith clavada en él pero no quería abusar de su suerte así que actuó con normalidad. Vio de refilón como se sacaba algo de entre los pliegues de la ropa y lo guardaba en una de las mochilas que colgó a la espalda. Tras hacerlo, volvió a mirar a Luxhienn y este pareció atisbar una sonrisa que no consiguió descifrar.
La marcha de vuelta fue con una rapidez que le sorprendió hasta a él mismo. Lylith parecía incansable y poco dispuesta a detenerse. Durante el regreso, Luxhienn intentaba observarla con cuidado, intentando averiguar dónde guardaba ese objeto que tanto ansiaban tener. Porque sabía que algo tan importante no podía dejarse en otras manos. Y no podía haberlo guardado tampoco en la mochila que llevaba a la espalda. Era un lugar demasiado a la vista. Algo importante no se guardaría ahí. Pronto pararían a descansar y para entonces debía saber dónde lo atesoraba. Iba a resultar difícil hacerlo con alguien como ella pero no podía fallar.
Se estaban deteniendo y Luxhienn iba a darse por vencido, al menos hasta la próxima parada, cuando lo notó. Una postura poco natural al bajar del animal. Se había inclinado hacia un lado de una forma un tanto extraña y fue entonces cuando supo en qué lugar tenía escondido el objeto. Y supo también que aquella otra parte de él que en ese momento se encontraba dentro de Sidhion también lo notó.
- Descansaremos tres horas. Nada más y nada menos. Lo suficiente para que los animales y algunos de vosotros retoméis fuerzas.
Todos bajaron de los animales y los criados montaron un pequeño campamento y prepararon comida mientras los soldados descansaban. Habían estado viajando todo el día y el cielo estrellado volvía a poblar el cielo. Parte de los guardias se puso a vigilar el perímetro, mientras los otros descansaban, y pronto se les unieron los criados. Todos querían aprovechar el poco tiempo del que disponían para descansar bien antes de volver a inicia la marcha. Pero había dos, aparte de los guardias que vigilaban, que no parecían compartir esa idea. Uno de ellos, Luxhienn, estaba recostado pero observando, y el otro, Sidhion, miraba atentamente a Lylith. No se escuchaba sonido alguno en aquello silenciosa noche, a penas las respiraciones de aquellos que descansaban. Algunos, más fuertes que otros pero Lylith no parecía emitir sonido alguna, se veía como su abdomen subía y bajaba, lenta, rítmicamente, pero en silencio. Estaba dormida y ese era el momento en el que Sidhion debía actuar. Y así lo hizo, se levantó y se acercó a ella con cuidado y en silencio. Luxhienn parecía escuchar cada pisada que daba sobre la arena, cada pensamiento, cada sensación. Pero sabía que aquello no duraría mucho. Luxhienn siguió observando y le vio llegar al lado de Lylith y meter la mano con cuidado por entre los pliegues de la ropa. Luxhienn aguantó la respiración como si él mismo fuera el que estuviera intentando hurtar la piedra. Si aquello no salía bien, debería recurrir a un plan menos agradable y menos preferible para él y para todos. Siguió observando hasta que vio como sacaba algo envuelto en tela. Desde donde él se encontraba no podía apreciar mucho más. La segunda fase se había completado con éxito. Luxhienn soltó el aire que había ido tomando en ese rato. Lo que quedaba era más sencillo. Se levantó en silencio de su cama y fue en su dirección. Sidhion se percató y echó a correr, pero por mucho que lo hiciera, Luxhienn sabía que no podría escapar de él por muy veloz que fuera... porque no se lo había ordenado. Luxhienn le alcanzó con un poco de esfuerzo.
- ¿Qué llevas ahí? - le preguntó cogiéndole del brazo.
Sidhion no respondió e intentó zafarse de él sin éxito.
- Dámelo - le ordenó Luxhienn.
- Tú no tienes ninguna autoridad sobre mí.
- Él no, pero yo sí - dijo la voz de Lylith detrás de Luxhienn, que en su fuero interno discrepaba con lo que Sidhion acababa de decir. El elfo oscuro se dio la vuelta y la miró. Sidhion hizo lo mismo pero la cara de espanto que se le dibujó en el rostro era muy distinta a la apacible expresión que mostraba Luxhienn.
Sidhion consiguió zafarse de su captor tras intentarlo de nuevo y echó a correr pero dos guardias lo retuvieron. Se resistía, pero era inútil. Aquellos guardias estaban entrenados y preparados para coger a gente con una fuerza y capacidad física mayores a la suya. No había escapatoria para él. Lylith se acercó y recuperó lo que le había sido arrebatado.
- ¿Qué pretendías hacer con esto?¿Acaso trabajas para alguien fuera de aquí? - preguntó con un tono de voz cargado de fuerza.
Pero Sidhion estaba fuera de sí y no hacía caso.
- Atadlo y vigiladlo. Más tarde me encargaré de sacarle información.
Los dos guardias asintieron y se lo llevaron de allí a rastras. Luxhienn lo contempló un instante y sintió como la sensación de estar en dos sitios a la vez desaparecía, al igual que una parte de él. Antes de que desaparecieran de su campo de visión, Luxhienn desvió la mirada y la posó sobre lo que ahora Lylith tenía en sus manos.
- Quieres saber que es, ¿no es así?
- Que quiera saberlo no significa que deba.
- Tienes razón - le respondió Lylith, pero en lugar de esconder el objeto lo desenvolvió. - Esto es lo que el jefe de investigación tanto desea. Esta piedra única con propiedades desconocidas para muchos. Incluso para mí.
Luxhienn la observó detenidamente. No parecía gran cosa. Tenía un color negro translucido, que dejaba pasar la luz que le llegaba y la devolvía con una tonalidad algo diferente. No podía apreciar mucho más, pero parecía ser de superficie angulosa y lisa. Lylith la volvió a tapar y se la escondió.
- ¿Significa eso que he pasado la prueba?
- Significa que confío en tí. Lo suficiente como para mostrártelo y para sacarte de las cocinas.
- ¿Y lo suficiente para decirme por qué tenemos tanta prisa por llegar a Nobrieth?
Lylith sonrió.
- Eres astuto, pero dime, ¿por qué crees que debe haber un motivo?
- Porque no nos expondríamos de esta manera, teniendo en cuenta el cuidado que hemos tenido al venir. Eso quiero decir que es más importante llegar pronto que el que sepan que hemos sido nosotros quienes hemos estado allí.
Lylith volvió a su sitio y se tumbó. Luxhienn se quedó mirándola, esperando la respuesta, aunque algo le decía que no le iba a gustar.
- Porque debemos de llegar antes de que lo hagan los piratas con los magos.



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Re: Capitulo 5: Thatar

Mensaje  LaurieCay el Dom Sep 04, 2011 4:31 pm

Lamento no haber podido comentar ayer!! ahora sí que si!

Me fascina como describen los lugares!! uno es capaz de imaginárselos perfectamente. En especial me encantó el decorado de la torre de Thatar, se me hizo muy fresco, muy playero! La primera aparición de Yarthen me emocionó!! enseguida lo ame! se ve como un chico mega divertido y con quien me encantaría pasar un rato. jajaja cuando le levanta la falda a Lau! uuh yh luego cuando ella lo abraza y Eohnar se pone celoso jaja el cabello blanco significa celos?? amé el:" te importa que te llame arco-iris?" "si, me importa" jajaja mori de risa con eso!

Pobre Laurane, le quitaron sus privilegios :'( no fue su culpa! me quede con unas ganas enormes de saltar por esos acantilados! siempre he querido hacer algo como eso *-* OOH! y el ataque de los piratas!!! piratas en Kowatar!! ahora me gusta aun más!

Que fue lo que hizo Lux?? no sabía que tenia esa clase de poderes, vaya!! pero fue increíblemente astuto! lo amo cada vez mas!! Se gano enseguida la confianza de Lylith (por cierto, que hermoso nombre! me recuerda al de la demonesa) que es esa piedra tan extraña?? es el famoso Obthrey??
Otro gran capitulo!! realmente disfruto leerlo! me he enganchado mucho a la historia! eche en falta a Naharwyn y Arydan , pero los espero para el proximo cap! me fascino todoo!!
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Re: Capitulo 5: Thatar

Mensaje  Nono el Lun Sep 05, 2011 3:03 am

si si en el próximo capitulo saldrán =)
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Re: Capitulo 5: Thatar

Mensaje  Draperdi el Lun Sep 05, 2011 3:49 am

Que comentarios más escuetos Nora xD

Aver...voy a comentar tu comen paso por paso. Yarthen!!bueno se que lo dire con cada uno de los pj que vaya apareciendo per lo amo!!es que es tan...viva la vida!!es muy despreocupado y bromista. (creo que le va bastante bien al pj de friki del insti) Y respecto a lo del color de pelo de Eohnar se verá!!no se muy bien cuando será....pero se verá!!

A Laurane...si...se los quitaron pero ella no le da demsiada importancia. Si que le importa...le gustaria no haberlos perdido pero como dice solo es un papel y ella misma se lo buscó. Y si!!los acantilados son de lo mejor en Thatar...ahora ya sabes porque laurane se quedó allí tanto tiempo. Le encanta aque paisaje y el lugar.

Si!!Creo que no apareció el nombre de su poder...pero lo tiene... y se verá que es algo nada común. Y si!!Lux!!no sabes lo que me costó escribir con el!todo debia parecer con tanto sentido!!y que se viera tan astuto e inteligente que me costó lo mio!!Y si!!Lylith se llama a la diablesa en sobrenatural. Pero aun no se ha ganado plenamente su confianza.

Y respecto a la piedra...si. Es el famoso Obthrey. Dentro de poco se verá para que lo utilizan y para que es la maquina.


Me alegro muchisimo de que te gustara!! No te pude comentar antes tampoco...me alegro mucho tu comentario!!
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Re: Capitulo 5: Thatar

Mensaje  Nono el Lun Sep 05, 2011 4:44 am

El comentario ha sido escueto porque estoy en clase, en la uni, y sigo en ella.
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Re: Capitulo 5: Thatar

Mensaje  violeta el Jue Sep 22, 2011 6:16 pm

Cada vez me recuerda mas a Avatar (La serie XP , no la pelicula) creo que tiene tintes fuertes de la serie, es muy similar e igualmente entretenida, creo que x el genero funcionaría sensacional en ese girotoda esa aventura-fantastica ¿oriental? (Por alguna razon no los imagino personajes inspirados en la mitilogía europea, sino mas buen oriental) que presiento que le vendría genialisimo ser contado a manera de cómic, por toda la acción, el genero va más encaminado al publico joven y el perfil de los personajes, tanto de razgos como de personalidad, la manera de la narración, siento que es una historia con todo el potencial de ser una saga de multiples numeros de cómics.

Bueno! pues Dios vengo de llerme el capitulo 4 y 5 XP , ya aparecieron Iraya, Yarthen... em... Diso me pierdo en los nombres XO, tengo que darme un par de leidas más para que no se me olviden! >_<
Fantasticooo! el mundo es rico en elementos y variedad (Como estar en Dubai XP) se ve que esta muy bien plasmado muy bien descrito! es una verdadera aventura a cada episodio, lo que me pierdo un poco es en los nombres jajaja pero es cosa mia, soy algo torpe para los nombres nuevos :s XD deberían hacer su pequeño diccionario a la JKR con la enciclopedia XD

Chicas! muy bien! sigan así!! Episodio 6!!!

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Re: Capitulo 5: Thatar

Mensaje  Nono el Vie Sep 23, 2011 2:08 am

Estamos en ello jeje (sorry por el comentario corto, estoy en clase)
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Re: Capitulo 5: Thatar

Mensaje  Draperdi el Vie Sep 23, 2011 11:17 am

vi!!!lei tu coment esta mañana justo cuando terminabas de ponerlo pero me tenia que ir entonces no pude contestarte...

Aver por donde empiezo..lo de avatar xD Puede que te recuerde en el tema de fantasia-humor. Creo que los pj o almenos una parte de ellos, mas en concreto Eohnar y Laurane son muy comicos y divertidos a su manera. Y yo almenos siempre intento plasmar la relacion ue yo tenia o he tenido con amigos, la forma en que bromeamos y tal.
Lo de oriente...puede que en la forma de luchar de Laurane si. Despues de todo lo hace con abanicos...pero en el resto no tenemos presente oriente. Mas bien occidente y oriente proximo.
Respecto a lo del comic...podria ser xD Aunque nuestra idea desde un principio siempre ha sido una historia mas bien narrada.
Lo de oriente...puede que tengamos al escribir esa influencia porque despues de todo leemos y vemos animación y comic japones. Pero creo que esainfluencia no es muy grande. Despues de todo las quimeras, los elfos, todo forma parte de mitologia occidental.

Y tranquila...al principio es normal que te lies con los nombres xD Despues de todo hay mucha variedad de pj. A mi quitando de los protagonistas y tal a veces los nombres de los demasseme olvidan...y mas si no salen mucho. >.<

Y si!!Estamos trabajando ya en el cap 6....pero no se para cuando lo tendremos listo
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Re: Capitulo 5: Thatar

Mensaje  Nono el Lun Sep 26, 2011 4:37 am

Deberíamos meter los otros capítulos en este apartado, Arya, ¿podrías hacerlo? Muak!
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Re: Capitulo 5: Thatar

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