Finch - En el nombre de la Luna

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Finch - En el nombre de la Luna

Mensaje  LaurieCay el Jue Feb 25, 2016 1:22 pm

Esribí este mini capítulo para Nono, como regalo de cumple!! te adoro, Nono querida! estoy trabajando en otra cosa que no pude terminar a tiempo, pero te compenso con esto, la primera parte de tu regalo. Que hayas pasado un feliz cumpleaños, hermosa!!   perdoname por atrasarme, ayer tuve un monton de cosas que hacer, perdooon!!  feliz cumple atrasado y espero que disfrutes este cap!!  ♥ ♥ ♥


Finch - En el nombre de la Luna.


―Aidan-sama debería pensar en nosotros para esto más seguido ―comenta Jody, y su voz se oye sofocada por el azote del viento contra su rostro. Cuando volteo a verla, solo puedo ver una mata de cabello rosa agitándose graciosamente en el viento.
―Usualmente, es Amy quien hace este tipo de recados. ―respondo a su pregunta, esperando que me haya oído. Los inclementes vientos de otoño son geniales para una vuelta por los aires; pero no son ayudan en una ocasión conversacional.
No puedo evitar pensar en Amy, resfriada y en cama, siendo cuidada por Shane. Cuando hace falta un viaje rápido a la ciudad, ya sea para conseguir algo, o para dejar algo a alguien, ella es la favorita del profesor Aidan, pero ahora, nuestro director consideró que no sería correcto sacarla de la cama para enviarla a la ciudad haciendo el frío que hace. No importa que su viaje vaya a demorar dos minutos. Al escuchar que Aidan estaba en aprietos, Jody fue la primera voluntaria para prestar sus servicios y ayudarle. Y tras rogar, suplicar, implorar, gimotear como un cachorro y jurar; por todos los entes, santos, deidades y dioses conocidos del manga y el anime; que haría un buen trabajo, a Aidan no le quedó más remedio que confiar en ella. Pero por supuesto, no podía enviar a una alumna joven a la ciudad, sola. Así que he me aquí, de escolta. Jody no podía haber estado más feliz. Acostumbrado a volar a una velocidad apacible, a ratos tengo que acelerar para darle alcance a mi compañera, pero le había prometido hace mucho tiempo un vuelo juntos que nunca tuvo lugar, de manera que me siento satisfecho de poder acompañarla.
Una de las claves de esta inesperada misión es mantenernos inadvertidos en todo momento, y para eso, es necesario que vayamos por encima de las nubes. En un principio me preocupaba que las fuertes corrientes de aire y el frío aquí arriba tuvieran un impacto en las delicadas alas de Jody, pero me sorprende encontrarme frente a una colega diestra y hábil surfeando en los vientos.
―¿Recuérdame otra vez cual es la misión? ―le pregunto, tentativamente, y ella da un giro en el aire, quedando de espaldas a nuestro camino y de frente a mí.
―Ir a casa de Chloe-sama a recoger el paquete para Aidan-sama y traerlo de vuelta a salvo. No detenernos en ningún sitio, no hablar con extraños, mirar a ambos lados antes de cruzar y no permitir que nadie nos de dulces ―añade, rodando los ojos.
―Pero si me gustan los dulces ―digo, en un puchero.
―Nada de dulces Finch-senpai ¡tenemos que completar primero la misión! ―dice alegremente y hace una pirueta en el aire.
El camino transcurre sin problemas. Los vientos se apaciguan en el tercer tercio de nuestro viaje, y antes de saberlo, ya sobrevolamos la ciudad. Puedo ver la afiladas siluetas de los edificios bajo el velo de las nubes.
Jody y yo desaceleramos un poco cuando yo se lo indico, y el resto de nuestro camino es más cauteloso. A estas alturas, uno podría encontrarse con cualquier cosa, incluso en los aires. Helicopteros, dirigibles, aves descuidadas... Todo es un peligro potencial cuando estamos a cientos de metros de altura.
Nunca antes había tenido un compañero de vuelo y esto me resulta gratificante. Jody y yo nos relajamos y pasamos una buena parte del camino haciendo piruetas, retándonos por el giro más osado, y desviándonos de nuestro camino cada cierto rato para hacer alguna corta carrera aérea. “hasta la punta de aquel edificio” o “hasta tocar esa antena” y así, hasta que llegamos al final, riendo como niños, sin tomarnos en serio ninguna de ellas.
Finalmente, llegamos a casa de Chloe. Es una bonita casa en un barrio tranquilo cercano a un parque. Jody se me adelanta a tocar la puerta, y cuando se abre, Chloe nos recibe con una enorme sonrisa:
―Hola, muchachos. Que gusto me da verlos otra vez ―nos saluda, dándole un abrazo a Jody, y después a mí. Tras esto, nos invita a pasar―. Ya pensaba que no llegarían. Cuando Aidan me dijo que los había enviado, le regañé. No me parecía que fuera adecuado cuando podía ir yo perfectamente hasta Salem. Pero les agradezco mucho la molestia ―dice sinceramente, mientras le seguimos hasta la cocina.
Solo con cruzar la puerta de la cocina, puede sentirse, tras los fríso vientos que nos han traído hasta aquí, el agradable golpe del calor del horno encendido y el aroma delicioso de algo que se ha estado horneando en él. Jody inhala el aire y me arroja una sugestiva mirada de grandes ojos marrones.
―No te apures, Chloe, querida. Es un honor cumplir un servicio como este a nuestro querido director ―le digo, y luego me acerco y le hablo al oído―. Además, Jody no le dejó opción.
Chloe se ríe y cuando volteo a ver a Jody, ella retiene el aire en sus mejillas, ceñuda en un adorable gesto infantil.  
Aguardamos en lo que Chloe regresa con el paquete, y vuelve con él y con una bandeja llena de galletas, que extiende ante nosotros. Despiden un aroma delicioso a canela y miel. Jody se apresura a tomar una:
―¡Arigato! ―exclama y acaba una gran parte en un solo mordisco.
―Ella quiere decir, muchas gracias ―sonrío a Chloe―. De parte de ambos. No tenías que molestarte ―agrego, tomando otra por mi parte y dándole una mordida. Está deliciosa. Sienta bien luego de un largo vuelo.
Chloe entonces, nos hace entrega del paquete. Es cuadrado y no demasiado grande. Cuando me lo da en la mano, no pesa demasiado y se que podremos llevarlo con facilidad:
―Es muy delicado; por favor trátenlo como tal. Necesito que llegue en una sola pieza a manos de Aidan. ¿Puedo confiar en ustedes?
―¡Hai! ―exclama Jody, con los labios llenos de migajas.
―Está en buenas manos ―le guiño a Chloe.
Nos entretenemos unos minutos en casa de Chloe, en las galletas que quedan en la bandeja y en los vasos de leche que ella nos ofrece luego. Y tras una corta conversación, nos despedimos en la puerta, y ella nos hace señas desde el porche, cuando emprendemos el vuelo.
Yo llevo el paquete la primera mitad del camino.
Viajar con el estómago lleno es reconfortante y nos sirve para hacer frente al frío del viento.
―Chloe-sama cocina delicioso. Ya se por qué Aidan-sama se casó con ella ―reconoce Jody―. Además es hermosa, y es dulce... y se preocupa por él y por nosotros... ¡empiezo a sentirme celosa! ―se queja, pero su gesto recobra rápidamente la felicidad― ¡Pero es envidia de la buena, he! La verdad es que empiezo a quererla mucho.
―Es imposible no hacerlo ―concuerdo.
El paquete que llevamos lleva impregnado el olor de las galletas que ha estado horneando Chloe, y el aroma consigue abrirme el apetito otra vez. De pronto me veo tentado a que descendamos y nos paremos a comer un hotdog o un pretzel. Salimos tan rápido de la Mansión Equis, que no tuvimos tiempo de desayunar.
―¿Te apetece comer algo? ―le digo a Jody, y ella se para en seco en su vuelo. Me mira seriamente unos instantes, pestañeando lentamente y espero que me regañe.
―Pensé que nunca lo sugerirías ―asevera y tras reírnos, buscamos un sitio donde aterrizar.

Caminar por la ciudad me resulta extraño. Siempre me resulta extraño caminar, a decir verdad. Estoy tan acostumbrado a estar siempre en el aire, que poner los pies sobre el pavimento incluso me deja cierto malestar. Como si mi cuerpo pesara demasiado sobre mis piernas. Gato tiene razón, necesito ejercicio en las piernas de vez en cuando...
Jody no parece tener problemas. Se mueve por tierra con tanta gracia como se mueve por aire. Va dando saltitos y tarareando el opening de alguna serie. Creo reconocerlo.
Yo trato el paquete como si contuviera figuritas de cristal dentro. ¿Quien me asegura que no lo sean?
No tardamos en encontrar un carrito de comida en la calle y nos sentamos en una banca del parque, Jody y yo, a comer cada uno su hot dog, mirando a la gente pasar.
―Es extraño... ―comenta Jody― Tenemos muy poco contacto con la gente... ya sabes, la gente “normal”, desde la mansión. Es como si se nos tuviera recluídos. Como reos peligrosos, o animales.
Su forma de razonarlo me transmite cierto pesar. Tiene razón...
―Y sin embargo ―añade―, ahora mismo, eso no me importa demasiado. Porque desde que entré a la mansión, no me he sentido sola en ningún momento.
Le miro unos instantes y su comentario no falla en sacarme una sonrisa. Le doy una mordida a mi pan y asiento. También tiene razón en eso.
―Bueno ―digo, acabándome mi comida y sacudiéndome las manos―. No veo por que no podamos pasar hoy, al menos una hora, como gente normal. ¿Te gustaría caminar un poco antes de irnos? ―le sugiero, tomando el paquete de la banca y ofreciéndole a Jody mi gancho. Ella me mira con asombro unos instantes y luego se afirma de él con una gran sonrisa.
―¡Vamos! ―pero se detiene sobre sus pasos― Pero... ¿no tendremos problemas?
Lo medito unos instantes. Aidan dijo que debíamos volver sanos y salvos. Nunca dijo nada del tiempo que nos debía tomar esta misión. Y caminar un rato por la ciudad buscando el mejor momento para despegar, no veo por qué sería una razón para meternos en problemas. De hecho, estamos haciéndolo por nuestra seguridad. Niego con la cabeza para alentar a Jody:
―Una vuelta no hará daño. ¿Teinta minutos?
Jody asiente y emprendemos la caminata. Entramos a un par de tiendas y nos distraemos en algunas vitrinas. De pronto me doy cuenta de que Jody ya no camina a mi lado, cuando la busco con la mirada, y sufro un pequeño infarto. Pero al dar la vuelta, la veo pegada en la vitrina de lo que parece ser una tienda de accesorios y figuritas de manga.
Su mirada echa chispas y cuando me acerco, veo frente a nosotros dos maniquíes usando uno de ellos, un traje muy corto de marinerita con una diadema y botas altas, y el otro, un tuxedo con un sombrero de copa y una máscara. Lleva una rosa en la mano.
―¡Son increíbles! ¡están absolutamente perfectos! ¡Incluso tiene la rosa! ―gimotea Jody, y alcanzo a ver que el maniquí varón, tiene en la mano una gran rosa roja.
No tardo en reconocerlos. Son Sailor Moon y Tuxedo Mask.  
Jody se apega de tal forma a la vitrina, que temo que vaya a atravezarla.
―Yo tuve un traje de Sailor Moon otra vez.
Miro a Jody y no puedo evitar imaginarla usando esa cortísima falda azul y botas altas, en la pose característica de la rubia de coletas, y sin quererlo, se me tuerce una sonrisa.
Jody se compra algunos llaveros de Dragon Ball Z y tararea la canción de apertura cuando nos alejamos de la tienda mientras los observa bailar colgando de su mano:
―Sólo iba a comprar el de Gokú y el de Piccolo. Pero Yamcha me ha dado penita.
―Seguro que el llavero te lo agradece ―me río.
―Acabas de sonar como baka-Luke. No se te vaya a contagiar ―dice con espanto―. Finch-senpai, el traje de Tuxedo Mask te quedaría. Te van bien los sombreros.
―Usaría su traje si tú te pusieras el de Sailor Moon. Seguro que también te pegaría mucho ―digo con una visita pícara y Jody parece adivinarme el pensamiento.
―Pervertido ―masculla.
Voy a rebatir, pero otra cosa distrae mi atención por el rabillo del ojo. A una cuadra más allá,  en una esquina, se ha armado un alboroto. La gente corre y grita. Jody se percata de mi expresión y del alboroto:
―¿Qué es? ¿Qué sucede?
―No lo sé ―digo en voz baja.
Consigo detener a una mujer que pasa corriendo por nuestro lado:
―¿Qué sucede? ―le pregunto y ella intenta soltarse, pero antes, entre sollozos, masculla― ¡Están armados!
Es todo lo que puede mascullar, antes de lograr librarse de mi presa y marcharse corrriendo. Levanto la cabeza y reparo en los expositores de joyas en las vitrinas y en el nombre francés de la tienda. No tardo en atar cabos. Un asalto.
Un fuerte impulso está a punto de llevarme en esa dirección, cuando me paro en seco y miro a Jody a mi lado. Ella me observa pasmada:
―¿Qué vamos a hacer?
Me debato en mis opciones. Aún si llamamos a la policía, cosas que dudo que alguien no haya hecho ya, dudo que lleguen a tiempo. Y hay armas en cuestión. Quien sabe a qué punto podría llegar la situación si alguien no interfiere ya.
―Quédate aquí. ―le digo a Jody, decididamente.
―¡No! ―vocifera ella, colgándose de mi brazo― Yo voy contigo.
―No lo harás ―me niego, severamente―. Te quedarás aquí y me esperarás.
―Es peligroso que vayas solo ―insiste ella, con desesperación―. Voy contigo.¡Dejame ayudarte!
No se qué hacer. Jody no me dejará ir. Su pelo rosa es demasiado llamativo y no puedo arriesgar a que un grupo de criminales peligrosos se fijen en ella y decidan tomar represalias en el futuro, si vuelven a reconocerla por ahí. Busco entre mis opciones y mi mirada se detiene en la vitrina que acabamos de dejar atrás. De pronto, tengo una idea...
―Jody... ―mascullo para mi compañera― Ya sé cómo puedes ayudarme.
―¡Dímelo!
―Yo controlaré a los problematicos. Necesito que encuentres el mejor momento y ayudes a la gente de la tienda a salir y ponerse a salvo. ¿Puedes hacer eso?
―¡Hai! ―asiente Jody y me apresura, jalándome el brazo― ¡Hayaku!
―¡Espera! ―la detengo, y sin decirle nada, la jalo al interior de la tienda.

De pronto no es una peli-rosada quien va a mi lado, sino una rubia de coletas usando un antifaz y una diadema. Me hubiese gustado verla usando el traje completo, pero no había tiempo. Yo llevo por mi parte la máscara de Tuxedo Mask... Y el sombrero, en el cual, Jody insistió. Le debemos una disculpa a la dependienta de la tienda, por robarnos sus disfraces cuando ella salió a ver qué ocurría, alertada por el ruido del asalto.

Corremos en la dirección opuesta a la gente que se aleja de la tienda, y nuestro camino se ve entorpecido por el tumulto. Pero si volásemos, crearíamos un caos más grande. Cuando entramos, hay dos sujetos amenazando con armas a las dependientas, que mantienen las manos en alto. Un guardia yace noqueado en el piso, y un tercer sujeto mete joyas y dinero en una maleta. Hay más personas en el piso, con las manos sobre la cabeza, protegiéndose.
―Recuerda, Jody ―le digo antes de que entremos―. Tu misión es mantener a salvo a esas personas. Nada más.
―Entendido ―dice ella―. Los detendremos en el nombre de la luna ―añade, levándose la mano a la frente en la pose característica.
Le indico a Jody qué hacer y esperar a mi señal y soy el primero en entrar. Evalúo la posibilidad de aprisionar contra el piso a los asaltantes de una sola vez, pero todos tienen el dedo puesto en el gatillo del arma y temo que con la sorpresa, alguno termine disparando su pistola y acabemos con una de las dependientas, muertas. Primero necesito llamar su atención.
Ayudo a Jody a escabullirse por detrás de los mostradores, e imagino que ha llegado mi momento:
―¡Que nadie se mueva! ―ordeno, y de pronto, todas las miradas están sobre mí.
En ese instante, Jody sale de su escondite y se lanza sobre las dependientas de la tienda, llevándoselas al suelo a ambas, fuera del alcance del cañón de las pistolas de los asaltantes, cuando estos tienen su mirada puesta en mí. Uno de ellos, estira la mano para alcanzar a una de las dependientas, preparando el arma en su mano para tomarla de rehén, pero en su lugar, su mano se agita en el vacío, gracias a Jody.
―¿Pero qué... ? ―musita con la voz sofocada bajo el pasamontañas que le cubre el rostro. El segundo se haya igual de desconcertado. Y antes de darles tiempo a nada, extiendo las manos y uso campos de gravedad alrededor de los hombres armados, aplastándoles contra el piso. Las armas vuelan de sus manos, y al contrario que sus dueños, van a estrellarse contra el techo, quedándose sujetas allí en otro campo, completamente fuera de su alcance. Jody aprovecha aquello para ayudar a las chicas a levantarse y a salir.
―¡Rápido, todos por aquí! ―les indica, y la gente se levanta y la sigue, corriendo fuera de la tienda.
Creo un nexo sobre el tercer tipo, entre él y un florero de adorno sobre la mesa del mostrador, y este sale disparado hacia su cabeza, golpeándolo con fuerza y derribándole en el piso, en el momento en que este deja la maleta a un lado, haciendo el amago de ir a coger su propia arma. Jody tiene éxito en su misión y consigue sacara todas las personas de la tienda, dejando sólo a los criminales. La situación parece bastante controlada. Solo queda escabullirme también, fuera de la tienda y esperar que llegue la policía y arreste a estos criminales. Luce como trabajo bien hecho y respiro satisfecho y aliviado.
Pero mi calma no dura mucho, antes de que una silueta pase por mi lado y todo lo que distinga después, sea un batir de alas, que se dirige al fondo de la tienda, donde alcanzo a ver a un cuarto hombre, que antes no había visto, con una pistola en alto.
―¡JODY! ―le grito a mi compañera, sin que ella me haga el menor caso. Mi alma abandona mi cuerpo cuando siento el sonido del disparo. Detrás de mi, el ventanal de la vitrina estalla, rompiéndose en pedazos. Cuando consigo reaccionar a la sorpresa, Veo como Jody cae detrás del mostrador, encima del hombre que sujetaba el arma. Vuelto a toda velocidad y salvo la distancia desde la entrada de la tienda, hasta el fondo de la misma en lo que parece ser un segundo. Detrás del mostrador, Jody está en el piso, y forcejea con el asaltante, que se las arregla para ponerse encima de ella y se inclina para recoger del piso la pistola que en algún momento ha caído lejos de su alcance. Antes de que lo consiga, atenazo el hombre del asaltante y lo jalo hacia atrás, poniéndole de pie, y estrellándole un puñetazo contra la mejilla. Aprovecho su desequilibrio para usar mis poderes para repelerlo con tal fuerza, que sale proyectado hacia atrás. Me agacho en torno a Jody, ayudándole a erguirse:
―Jody, cariño ¿estás bien? ¿te encuentras bien?
―¡Había otro!¡Él casi te...! ―farfulla.
―Lo sé ―le digo para apaciguarla― Lo sé. Lo sé. Soy un idiota, ¡pero no deberías haber...!
Antes de que nos digamos más, percibo la sombra de una persona detrás de nosotros y rodeo la cintura de Jody con el brazo, alzando el vuelo rápidamente para quitarla de allí. Donde hace un instante nos encontrábamos, uno de los hombres azota el piso con una vara de hierro. Jody desplega sus alas en el aire y nos quedamos flotando allí, fuera del alcance del criminal.
Aquel nos mira perplejo unos instantes, y su rostro palidece:
―Mutantes... ¡son mutantes!
Detrás de él, todo el resto del grupo de pone de pie, y entiendo por qué. Mi concentración se rompió en el momento en que pensé que habían herido a Jody y mis campos se desvanecieron. Los hombres están desprovistos de armas de fuego, pero se han hecho con bastones y hierros.
Se lanzan hacia nosotros, pero sus movimientos son lentos y pesados, bajo el efecto de mis poderes, cuando levanto las manos al frente. No tardan en caer sobre sus rodillas, gimiendo de malestar. Jody se sitúa a mi lado y respira en calma:
―Sugoi ―masculla cerca de mi oído. En ese momento, entran tres uniformados con arma en mano, por la puerta frontal. Reconozco el uniforme de la policía. Pero en vez de sentirme protegido, o feliz... siento escalofríos. Se suponía que Jody y yo ya estaríamos fuera de aquí para cuando ellos llegaran. Si hay algo peor que asaltantes, asesinos y todo tipo de criminales en esta ciudad, eso son los mutantes.
Jody tuerce las comisuras en una sonrisa, pero aquella se desvanece en sus labios temblorosos cuando uno de los policías dirige el cañón de su arma a nosotros. Más, y más pistolas.
―¡No se muevan! ¡al suelo los dos y las manos sobre la cabeza! ―ordena.
Jody retrocede un par de centímetros, dolida:
―¿... Qué...?
―Jody...
―¡Pero qué dicen! ¡nosotros...!
―Jody ―digo, severamente― Guarda silencio.
―No es justo... ―masculla. Y yo respiro, abatido. No, no lo es.
No podemos dejar que nos arresten. Si lo hacen, estaremos metidos en problemas mucho mayores. La última cosa que hubiese querido, es atacara policías, pero como corramos peligro, no quedará de otra. Busco mi última opción. La cual funciona en la mayoría de los casos.
―Por favor, camaradas, todo está bien ―sonrío, y desciendo lentamente, jalando la mano de Jody para impelerla a hacer lo mismo. Una vez en el suelo, levanto una de sus manos y ella obedece, levantando en el aire la otra, al tiempo que yo hago lo mismo, indicando que estamos desarmados. Pero esto no parece tener ninguna clase de efecto tranquilizador en el policía, pues el arma tiembla en su mano.
―Silencio. Ahora más les vale cooperar, o dispararé.
―No hay que apresurarnos, mi señor. Le ruego reconsiderar eso. Y le agradecería mucho bajar el arma; podría provocar un accidente y que alguien salga lastimado.
―¿No escuchaste? ¡Silencio! ―vocifera otro.
―Finch-senpai... ―musita Jody.
―No tenemos malas intenciones, lo puedo jurar. Muy por el contrario, había armas implicadas, y personas en riesgo. Consideramos que era lo correcto interferir antes de que algo más grave ocurriera. Los criminales están bajo control ahora; y si nos permiten marchar, lo haremos pacíficamente y seguiremos nuestro camino sin...
―Al suelo los dos ―indica el cabecilla de todos, sin dejarse convencer. Y luego hace una seña a sus compañeros―. Arrestenlos.
―¡Finch! ―jadea Jody.
―Vuela. ―le digo de pronto, y en ese instante, al igual que los ladrones, todos los policías caen sobre sus rodillas con un seco golpe― ¡Vuela, Jody! ¡vuela! ―le grito, y ella obedece, batiendo las alas. Sale disparada de la tienda y yo salgo detrás de ella. Afuera, nos encontramos con otro carro de policía, que enciende las balizas y sale a nuestra siga en cuanto salimos volando de la tienda. Escucho los gritos de la gente y de la policía, exigiendo que nos detengamos. Las coletas rubias de Jody vuelan detrás de nosotros y siento algo de tristeza que no pueda disfrutar volar con su disfraz. En el vuelo, el sombrero de Tuxedo Mask se sale de mi cabeza, pero no puedo ir a recuperarlo, pues tenemos todavía a la policía detrás.
―Tenemos que desaparecer de aquí... ―le digo a Jody.
Nos metemos por callejones, sobrevolamos edificios, y nos metemos por encima de las nubes para desaparecer. Hasta que ya no escucho el sonido de las sirenas. Al parecer los hemos perdido.
Jody y yo nos detenemos a descansar en la azotea de un edificio.
Tengo el corazón latiendome en algún sitio de la garganta y me quito la máscara para refrescarme el rostro.
―Qué aventura ¿he, querida mía?
Jody está abrazada a sus piernas, con una expresión perturbada. Me acerco a ella, gateando en el piso para verla de cerca:
―¿Segura de que estás bien?
―Daijobou, Finch-senpai... ―masculla.
―No me engañas, peliazúcar. Algo sucede. ¿Te has lastimado? Por favor, dímelo.
―Nosotros detuvimos ese asalto. Hicimos todo el trabajo, y ellos...
―Ya veo ―suspiro―. Conque era eso.
No se qué decirle. Yo mismo estoy abrumado por todo. Por haber sido confundidos con criminales. Haber sido amenazados con armas, no solo por gente de esa calaña, sino también por personas que están de lado de la justicia. Por nuestro propio bando.
Rodeo la espalda de Jody y ella reclina su cabeza en mi hombro:
―No pensemos en eso ahora, querida. No ha sido más que un malentendido.
―Yo tenía razón. Somos como reos peligrosos. Como animales salvajes.
―No digas eso. Mira... ―le digo, intentando buscar un argumento que suene razonable― hicimos lo correcto, y eso es lo que importa. Aunque los demás no lo comprendieran, es posible que hayamos evitado que alguien saliera dañado. Salvamos el día, Jody-chan. Los castigamos en el nombre de la luna.
Le digo, haciendo la famosa pose. Jody sonríe con pocos ánimos y yo le doy un beso en la frente:
―Más bien... Sailor Moon y Tuxedo Mask salvaron el día ―le digo, quitándole la peluca de la cabeza. Ella se desordena de nuevo el pelo y este le cae como cascada sobre la espalda.
―No me equivocaba, Finch-senpai. El sombrero te quedaba lindo.
―Ahora imagino que tenemos que esperar a que estén las cosas un poco más en calma, y devolver estas cosas a la tienda.
―Eres demasiado bueno ―se burla Jody.
―Tengo disculpas que ofrecer por haber perdido el sombrero.
―Al menos no manchamos nada con sangre... ―comenta Jody cuando nos ponemos de pie, y yo suspiro, agradecido por eso.
Sobre nosotros, el cielo empieza a cobrar matices rojizos. El viento sopla, pero es un viento fresco, mitigado por el calor de la tarde. Descansamos un momento, entretenidos por la caída de la tarde antes de emprender la marcha, caminando, hacia la puerta de la azotea, para bajar como seres humanos normales.
―Vamos... ―le digo a Jody― A devolver estas cosas y a buscar mi fedora.
―Y el paquete... ―me recuerda Jody.
―Sí, el paquete ―concuerdo, y luego inhalo el aire una última vez―. Aidan va a estar tan enojado...
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