Monochrome

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Monochrome

Mensaje  LaurieCay el Vie Ago 21, 2015 2:13 am

Ok ya!!!  es hora de darle luz a esta idea que llevo ya dos años desarrollando en anonimato XD
La cosa es que me he animado a subir fichas y practicamente toda mi cuenta de deviant art está dedicada a Monochrome pero creo que si bien he dad atisbos de lo que va, aún no he subido absolutamente nada de la historia propiamente mas que tres drabbles D:

Bueno, aquí va un poco de contexto y luego pasamos al parrafo.
Charis ha regresado recientemente a la pequeña ciudad de Sans Nom, con el deseo de formarse una vida en el sitio donde nacio y creció, tras un intento fallido de intentarlo en la ciudad. Allí se reencuentra con su querido amigo de la infancia, Daniel, quien se desempeña como doctor de un enorme; pero decadente hospital centrado en la zona más antigua de la ciudad (digamos que Sans Nom se divide en dos sectores que son el pueblo como era en sus inicios y luego una parte que se ha estado construyendo más recientemente que es más moderna y urbanizada). y quien más tarde le insinua que hay alguien a quien quiere que ella conozca.

Todo comienza la tarde que Charis decide visitar a Daniel en su trabajo, para darle una sorpresa, y se escabulle por entre los pasillos del hospital. Pero el hospital Saint Jhon es como un enorme laberinto y Charis se pierde, yendo a parar a uno de los extremos más reconditos del hospital donde se encuentra con Jesse, cuando choca con él en mitad de un pasillo oscuro, en el desafortunado momento en que este acarreaba en una camilla el cadaver desfigurado de una victima de un brutal asesinato.

Los nervios frágiles de Charis, junto con su terror a todo lo relacionado con la muerte, causan que esta experiencia le resulte traumática.

Más tarde, apenas empezando a recobrarse del shock, Daniel le revela que esa persona a la que había querido presentarle, era de hecho Jesse, y que jamás se hubiese imaginado que iban a tener tan mala suerte de haberse encontrado en circunstancias como esas, echando a perder todo su plan.

Todo esto ocurre en el primer capitulo (que ya está escrito, pero que necesito modificar)
Y el parrafo que voy a poner a continuación, es el inicio del capitulo número dos, en el que Daniel les tiende a ambos una pequeña trampa para reunirlos en su casa para cenar, con la esperanza de que logren dejar atrás su accidentado primer encuentro y tengan un nuevo comienzo, como en un principio él lo había querido. sin más preámbulos, aquí está :'D espero les guste. Aún puede que sufra algunos cambios en el futuro, pero meintars tanto este es el cachto que tengo mas o menos fijo ^^:





La Cena



Charis tamborileó con los dedos sobre su propia rodilla. La tensión se había asentado de tal manera en el lugar, que inclusive la gran sonrisa de Daniel, aquella capaz de iluminar un cuarto completo de gente triste, no tenía éxito en disiparla. Miró de soslayo a su alrededor. No es que se hubiese imaginado algo muy distinto a su rutina de siempre, cada vez que Daniel la invitaba  a cenar a su apartamento: música suave, la deliciosa pasta que él cocinaba, charla agradable, risas... Algo que necesitaba para paliar el estrés que esa semana le había dejado sobre los hombros. Pero definitivamente la última cosa con la que se hubiese imaginado que cerraría su difícil semana, era terminar en la misma habitación, y mirando al pálido e inexpresivo rostro de Jesse, el chico de la morgue; sentado a menos de dos metros de ella y sumido en un inquietante silencio.
Suspiró, frenando un nuevo impulso de levantarse y marcharse de allí. Se sentía víctima de una broma cruel. Daniel había manifestado muy expresamente su deseo de presentarles a ambos otra vez en mejores circunstancias; pero Charis hubiese agradecido al menos tener una pista de cuando sería; y si no fuera mucho pedir, también un tiempo suficiente para recuperarse del shock antes de ello. Había pasado varios días de insomnio y casi la semana completa con pesadillas y despertares abruptos, cada vez que conseguía conciliar el sueño, producto de su traumático encuentro con aquel muchacho extraño. Había creído ilusamente que había sido clara a la hora de expresar su disgusto por la idea de volver a tener cualquier tipo de trato con él en un futuro cercano, pese a las suplicas de Daniel; por lo que encontrarse otra vez frente a frente con el protagonista de sus pesadillas, en el momento en que él le había abierto la puerta al departamento de Daniel, le había supuesto una sorpresa no muy agradable.
El callado chico frente a ella tampoco había dicho ni una sola palabra desde que se habían visto las caras. Charis lo contempló directamente por primera vez en la tarde. Tenía puestas las mismas gafas grises circulares; pero como era de suponer, no traía la bata del trabajo. Y sin ella, Charis pudo fijarse en otra característica suya que le perturbó. El muchacho era imposiblemente delgado. Se lo había parecido en un comienzo; por debajo de la holgada bata, pero no había imaginado que lo fuera tanto. Parecía que inclusive la bufanda que llevaba puesta le pesaba demasiado en los hombros y le obligaba a mantener una postura desgarbada. Lejos de la oscuridad de los pasillos del hospital, enclaustrados de duras paredes de hormigón carcomido, una persona tan pequeña y flaca, resultaría increíblemente inofensiva para cualquiera; pero no para ella, quien al tanto de cual era su peculiar trabajo en el hospital, en vez de sentirse aliviada, estaba el doble de nerviosa con su cercanía. Él, en cambio, ni siquiera parecía fijarse en ella. Era como si no estuviera allí.  Sumados a su silencio, los lentes que bloqueaban su mirada le aportaban un semblante ajeno e indiferente. De manera que su mirada era invisible y que en la linea de sus labios no podía distinguirse ningún atisbo de expresión, su rostro pasaba desapercibido; y con él, su propia presencia. Charis se encogió en su sitio. Era como un fantasma...
Daniel les había dado tiempo suficiente de relajarse probablemente con la esperanza de que alguno de los dos tomara la iniciativa y dijera algo; pero viendo que aquello parecía improbable, se rindió y suspiró, en lo que Charis adivinó, sería su propia caída en cuenta de qué tan hondo había metido la pata:
―Esta tendría que haber sido nuestra primera reunión ―intentó sonreír afablemente―. Se que no empezaron precisamente con el pie derecho cuando se conocieron. Pero no quiero que se hagan una idea equivocada del otro sin siquiera haberme dado una oportunidad de presentarlos como era debido y como en un principio había planeado.
La mujer exhaló con exasperación sin poder contenerse. Adivinó que las intenciones de Daniel seguían siendo las mismas... Aquel se puso de pie y con una seña les invitó a hacer lo mismo. Los dos lo hicieron sin mucha energía. Daniel puso una mano tras la enjuta espalda de Jesse y seguidamente extendió una mano hacia Charis:
―¿Podemos hacer un esfuerzo por olvidar el desagradable incidente de esta semana y empezar de nuevo, desde cero?
Charis torció los labios. Se cruzó de brazos inconscientemente. Pensó que era fácil para Daniel decirlo, y que estaba siendo arrogante. Pero cuando levantó la vista para verlo, él sonreía inocentemente; como un niño pequeño; y eso tuvo un efecto milagroso en conseguir suavizar su enfado. No había dejado de tenderle la mano, y sin más remedio, mordiendo con fuerza su propio orgullo, Charis rodó los ojos y la tomó a regañadientes. Sin soltar la de Charis, Daniel atenazó la de Jesse y junto ambas en el centro, compeliéndoles a sellar un apretón.
Charis notó sobre sí la mirada suplicante de Daniel. Y haciendo un último esfuerzo, levantó el rostro hacia el muchacho frente a ella, procurando adoptar un gesto menos hostil:
―Es un placer conocerte ―se obligó a decir, solo por educación―. Soy Charis Cooper.
No tuvo ninguna respuesta visible de él. Jesse sólo bajó la cabeza y murmuró en respuesta un escueto, y susurrante:
―Lo sé.
La mujer se quedó perpleja. Sintió que la sangre empezaba a hervirle, pero no pasó por alto el gesto de reproche que torció Daniel, y casi inmediatamente, el muchacho añadió:
―Yo... soy Jesse Torrance.
Charis sintió escalofríos cuando los largos y fríos dedos envolvieron su mano. Todas esas sensaciones volvieron de golpe a su cabeza. Un rostro desfigurado de agonía; esa penetrante peste, los ojos vacíos de una persona sin vida, fijos en ella... Sintió nauseas. Le dio un rápido apretón a la pálida mano y retiró la suya de una forma un poco abrupta, cerrando la palma en un puño en una esquina de su falda, en un afán disimulado de limpiarla. Daniel pareció finalmente satisfecho y les dejó ir.
―Bueno, la cena ya está lista, vamos a comer antes de que se enfríe ―anunció un poco más feliz. Charis se sintió aliviada. Cuanto antes comieran, antes se acabaría y podría volver a su apartamento y encerrarse allí. Pero Daniel echó por tierra sus esperanzas cuando cogió las llaves de la puerta y fue directo a ella; para salir, con una rápida disculpa―. Aunque creo que no tenemos nada de beber; así que bajare a comprar algunas bebidas. Regreso en cinco minutos.
Tras captar la implicación de sus palabras, tanto Charis como Jesse se movieron un paso al frente para ir tras Daniel, cuando este se aproximaba a la puerta para marcharse, amenazando con dejarlos solos. Al darse cuenta, intercambiaron entre  ambos un breve encuentro de miradas, hurtándosela de inmediato. Charis fue quien protestó:
―Yo puedo ir.
Daniel alzó las palmas al frente, sacudiéndolas en negativa:
―Yo me encargo.
―¡Daniel...! ―le llamó ella, al tiempo que este cerraba un portazo tras de sí.
»Me las vas a pagar por esto... ―pensó.
La instancia quedó de nuevo en completo silencio. Charis luchó por controlar su respiración, agitada de enojo, pero también de miedo. En cuanto los pasos de Daniel dejaron de oírse en el pasillo, tuvo la sensación de que se había quedado completamente sola y tembló. Tuvo que voltear por sobre su hombro para asegurarse de que había otra persona en el cuarto; aquel extraño muchacho no hacía el menor ruido ni siquiera al respirar. Él le devolvió la mirada, o eso adivinó Charis, porque su pálido rostro se alzó hacia el suyo. Aún cabía la posibilidad de que aquel ni siquiera estuviera viéndola, pero ¿como saberlo con los oscuros cristales de sus lentes de por medio?
La mujer respiró hondo una sola vez. Lo único que deseaba, era salir corriendo de ahí; eso o encarar a aquel sujeto y recriminarle el incidente que los había llevado a acabar ahí en primer lugar —y de la forma más absurda—. Pero luego pensó en Daniel. En sus ruegos; su afán por enmendar todo con la esperanza de que dejaran atrás el incidente y pudiesen entablar una amistad. Y aquello, junto con su propia cortesía, le devolvieron la calma y decidió llevar el asunto de la mejor manera posible. Procuró sonreír, aunque falló y solo consiguió torcer los labios en un gesto impaciente:
―¿Te parece bien si arreglamos mientras la mesa?
Jesse asintió una vez, y se dirigió en silencio a la cocina. Ella lo siguió, menos animada, y fue a la gaveta de los cubiertos, al tiempo que él buscaba los platos. Pero en cuanto le vio estirar el brazo para alcanzarlos, Charis se arrepintió de haber pedido su ayuda. Una cosa era estrechar su mano, pero una diferente era dejarle tocar un plato donde ella y Daniel comerían, así que se adelantó, poniéndose por delante de él:
―Espera... yo puedo encargarme. Trae el estéreo de la habitación de Daniel. Podemos poner algo de música en lo que viene.
Él dio un vacilante paso atrás en cuanto ella se lo indicó, y tras mirarla brevemente, sin objetar, el muchacho obedeció, dejándola sola en la cocina.
Charis respiró aliviada y por algunos momentos, sólo le acompañó el sonido del entrechoque de los platos al ser apilados en la encimera, y el de los cubiertos que reunió en su mano.
Cuando salió de la cocina acarreando todo, y fue al salón, allí estaba el muchacho, conectando ya los parlantes del estéreo, a pocos pasos de ella. Charis se ocupó en arreglar la mesa concienzudamente, procurando llenar todo el tiempo que fuera necesario hasta que Daniel regresara. Pero sin importar que tan perfectamente alineados quedaran los cubiertos, sin importar que se hubiese preocupado incluso de poner servilletas, pan, mantequilla, salero y pimentero, pronto quedó desocupada y no tuvo más remedio que volver a encararse con él. Él estaba mirando uno por uno los Cds de Daniel, distraídamente.
Su silencio no tardo en inquietar a Charis. Aunque no tenía demasiados ánimos de conversar, se obligó a entablar algún tipo de charla, y solo pudo iniciarla basada en lo único concreto que sabía de él:
―Jesse 'Torrance', ¿verdad?
El aludido apenas volteó. Más atento al llamado de su nombre, que interesado en el significado de su pregunta. Asintió a la brevedad, hurtándole de nuevo la mirada y dándole en cambio una vista lateral de su alborotado pelo negro.
Charis rodó los ojos, irritada, alineando por segunda vez todos los cubiertos:
―¿'Jesse'... como diminutivo de algo?
Él negó con la cabeza, esta vez sin mirarla.
―Ya veo. ―masculló Charis asintiendo paulatinamente.
Le siguió a su corta charla, otro fastidioso silencio. Amenazaba con asentarse de nuevo, y Charis buscó afanosa entre sus pensamientos un tema de conversación que lo evitara. Había descubierto que hablar con él le inquietaba menos que el que permaneciera en silencio. Le hacía sentir que estaba tratando con una persona y no con un fantasma. Pero no sabía absolutamente nada de aquel extraño sujeto; salvo que pasaba sus días abriendo y acarreando cadáveres y que prefería no pensar en eso, pues inmediatamente palpitaba en su retina el recuerdo de su primer encuentro. Viró para verlo. Hizo el ademán de hablar, pero para su sorpresa, Jesse se le adelantó:
―Lo lamento. ―farfulló sin mirarla, casi inteligiblemente.
Charis alzó las cejas, confundida por lo repentino de sus palabras:
―... ¿Perdón?
Él dejo de lado los discos y se irguió frente a ella, haciéndole frente. Charis retrocedió instintivamente. Se fijó que estando ella con zapatos sin tacón, él era un poco más alto; aunque seguía siendo bajo para ser un varón. También notó que el muchacho ya no tenía ese potente olor a químicos fuertes que despedía cuando se habían conocido. No olía absolutamente a nada, y eso en parte le ayudó  a sentirse menos inquieta. Como si estuviera tratando con una persona diferente. Se relajó, dispuesta a escucharle.
―Lamento lo del otro día —se explicó él. Charis le escudriñó con la mirada. Por el tono de su voz, no parecía sentirlo en lo más mínimo; pero tampoco lucía cínico o sarcástico. Nada en su lenguaje corporal le daba pistas de que estaba siendo sincero con ella. Pero decidió darle crédito aunque fuera por hacer un esfuerzo.
―Está bien ―dijo en un respiro, cruzándose de brazos y dando otro pie atrás, inquieta por su cercanía―. Pero no hablemos de eso ahora, por favor; solo quiero olvidarlo.
Él asintió, girando el rostro y alejándose un paso a su vez, y masculló:
―Daniel dijo que debería disculparme.
Charis se quedó de piedra, y levanto la vista para verlo, incrédula. Irritada a partes iguales con el que su disculpa ni siquiera fuera de corazón, como con el hecho de que encima de todo se lo dejara bien en claro:
―Así que Daniel te obligó a disculparte. ¿También te obligó a venir? ―pregunto, intentando mantenerse calmada, pero sin poder domeñar su enfado.
―No.
―¿Te dijo que yo vendría?
Jesse no contestó. Pero al cabo de algunos segundos, negó con la cabeza. Charis suspiró al comprenderlo. Probablemente él tuviera tan poco interés en conocerla como ella tenía en conocerlo a él. Los dos habían caído en una trampa de Daniel; pero agradecía que al menos él fuera honesto al respecto. Lo cual significaba que luego de esa cena, ella no tendría que volver a perder su tiempo.
―Como sea ―gruñó―. En todo caso pudiste haberte disculpado cuando me regresaste la chequera sin que Daniel tuviera que decírtelo ¿no lo crees?
―No parecía un buen momento. ―dijo el, sin torcer el gesto. Charis sonrió sardónicamente:
―Sabes, de hecho, esa es una explicación muy razonable. Hubiese estado dispuesta a creer que tienes el suficiente tacto para decidir qué momento es el mejor para ofrecer una disculpa, si pasáramos por alto lo que hiciste para acabar debiéndome esa disculpa en primer lugar.
El muchacho se quedó en silencio. Tenia el rostro fijo en ella, pero no hablaba ni se movía. Charis meneó la cabeza, intentando no exasperarse. No quería seguir hablando del tema. Había hecho lo posible por olvidarlo y no sería una grata sorpresa para Daniel encontrarlos discutiendo sobre aquello en particular.
―Está listo ―declaró, acomodando una ultima servilleta en su sitio, y agachándose junto al estéreo para encenderlo. La música, con mucha suerte ayudaría a amenizar el ambiente.
El equipo emitió un sonido chirriante primero. Charis buscó la opción de radio, de cd y de cassette, pero ninguna servía. El estéreo no consiguió sonar. Sintió que esa tarde; todo conspiraba para conseguir irritarla. Le dio un par de palmadas y carraspeó un gruñido. Estaba agobiada. Cansada, nerviosa, irritada... No necesitaba otra razón para alterarse, así que desistió, poniéndose de pie, derrotada:
―No sirve ―anunció en voz baja. El muchacho no respondió. Se acuclilló junto al equipo, donde antes se hallara Charis, y se llevó el índice a los labios, empezado a juguetear con los botones del equipo. Charis le dejó solo, agradecida de que hubiese encontrado algo en qué entretenerse para no tenerlo parado en medio del apartamento, observándola y fue en dirección a la cocina para salir de su vista. Daniel se estaba demorando demasiado. ¿Lo estaría haciendo a propósito?
Se sirvió un vaso de agua, que apuró en tres largos tragos, intentando serenarse. Buscando en qué entretenerse como excusa para no salir de la cocina, revisó una de las ollas encima de la estufa, y sintió que su estómago se estremecía en un apretón. La salsa que había preparado Daniel lucía deliciosa. Estiró la mano para alcanzar una cuchara del fregadero y la untó en la salsa para llevársela a los labios. Saboreó el tomate, la carne y el orégano fresco. Una pizca de pimienta, y otra de comino. Se le hizo agua la boca y probó otra cucharada. Podía notar en su forma de cocinar, el sazón inconfundible de su señora abuela; cuyos platos había tenido la suerte de probar alguna vez cuando era niña. No era extraño que, habiéndose criado con una cocinera tan buena, a Daniel se le diera tan bien la cocina. Y entonces, el estarlo juzgando tan duramente hizo que se le remordiera la conciencia. Daniel se había criado con sus abuelos; eso le había contado. Cuando apenas era un niño, su hermana mayor había sufrido un grave accidente que la había dejado postrada en cama. Y con su padre trabajando duramente para costear sus terapias, tratamientos y medicación; y su madre, forzada a cuidar de ella todo el día, Daniel había pasado a un segundo plano en la vida de sus padres. Los abuelos de Daniel se habían ofrecido entonces a hacerse cargo de él, para alivianar la carga de sus padres. A causa de eso, Daniel se había criado como un niño muy solitario; lejos de ellos y de su hermana.
Charis suspiró. Se obligó a pensar de una forma más serena. Ella y Jesse podían ser completos extraños el uno para el otro en ese momento y no tener nada en común; pero lo que sí compartían en común era la amistad de Daniel. Los dos eran una parte importante de su vida, y podía entender el hecho de que anhelara con tanto afán poder compartir su tiempo con ambos. Aspiró el aire, cargado del aroma de la salsa bolognesa. Si era importante para Daniel, pensó que entonces valía la la pena aunque fuera intentar limar asperezas con el muchacho; su amigo había puesto fe en ello de todos modos. Y si más tarde decidía alejarse de él, lo haría en buenos términos.
Hallándose más relajada, y dispuesta a una tregua, reunió sus fuerzas, y salió de la cocina. Pero en cuanto cruzó el umbral de la puerta hacia el salón, el estallido de música proveniente del estéreo de Daniel, la petrificó sobre sus pasos. Jesse se puso de pie de su lugar frente al estéreo con el control remoto de este en la mano, y le bajó al volumen, a un nivel mucho más discreto del que tenía originalmente. Charis lo evaluó; era el mismo estéreo.
―Lo hiciste sonar ―observó, extrañada―. ¿Cómo?
―El cable está dañado ―contesto él, sin voltear a verla.
―¿Cómo lo arreglaste?
Jesse giró el estereo, y sujetó el cable entre los dedos enseñándoselo a Charis. La sección cerca del conector de corriente estaba doblada en dos sobre sí misma y asegurada con un trozo de cinta adhesiva. La muchacha levantó las cejas, complacida.
―¿Eso es todo?
―Doblándolo de este modo, hace contacto otra vez.
Charis asintió, con aire entendido, aunque sin entender nada. Pero el estereo sonaba y eso era lo importante.
Sonaba en los parlantes una música lenta, que no reconoció. Dudaba que fuera uno de los cientos de discos de country que Daniel coleccionaba, así que supuso que se trataría de alguna emisora de radio. De cualquier manera, tal y como lo había imaginado, verse acompañada del sonido de la música, le relajó.
―¿Te... sirvo algo de beber? ―preguntó de pronto, en afán conversacional,  y Jesse apenas volteó para verla. Sin darle tiempo de responder, Charis se aproximó a la vitrina que descansaba en una esquina de la pared de la cocina; Daniel guardaba allí algunas botellas de alcohol para ocasiones especiales. Alcanzó una de vino blanco que estaba abierta y dos copas, y las llevó a la pequeña mesa cuadrada, destapando el corcho, emitiendo el característico sonido de succión. El vino blanco no tenía por qué ser un mal acompañamiento para la pasta. Algo le decía que el salir a comprar algo de beber había sido solo una excusa de Daniel para dejarles solos. Tras servir la primera copa, se la extendió al muchacho, sujetándola casi en la punta de los dedos, para evitar a toda costa que sus manos volviesen a tocarse. Pero aquel  no la recibió de inmediato; en cambio la observó en su mano por algunos segundos, sin palabra alguna ni expresión en los labios, para luego levantar la vista hacia ella. Charis tuvo la impresión de que le miraba como si le estuviese ofreciendo un animal muerto. Estuvo a punto de retirar la copa antes de que él le echara un último vistazo y la recibiera con una inusual cautela.
Intentando pasar por alto su extraño comportamiento, Charis procedió a llenar la suya, y cuando esta estuvo rebosante del liquido dorado y cristalino, se la llevó a los labios. Estaba dulce, y tenía un regusto cítrico; pero estaba algo tibio, así que volvió a la cocina para llenar un bowl de agua y meter ahí la botella para ver si así se enfriaba. Cuando volvió a la sala, Jesse continuaba examinando el contenido de la copa, la que sujetaba entre ambas manos, como si no supiera qué hacer con ella. Charis no lo comprendió al principio; pero luego le golpeó una súbita realización:
―Espera ―suspiró― ¿tienes... edad para beber?
Jesse apenas levantó la cabeza para verla, y tras sostenerle la vista unos instantes, exhaló un breve respiro:
―Sí.
Charis frunció el entrecejo. Por supuesto que debía serlo, si trabajaba en un hospital y cargo de labores tan complejas como las que allí realizaba. Pero la edad legal para trabajar no era la misma que para beber. Y dudaba que el muchacho pasara de los veinte años.
―Supongo que una copa de vino no te matará. Tomé la mía cuando tenía dieciocho.
―Tengo... más de dieciocho. ―objetó, en un leve respingo.
La mujer dejó la copa a un lado, tras terminarla. Parecía empeñado en convencerla de que era mayor; pero por alguna razón, su respuesta seguía siendo muy evasiva:
―¿Qué edad tienes, en verdad? ―preguntó directamente, y él le quitó la vista. Charis no pudo verlo de otra forma que la de un adolescente jugando a ser mayor, y sorprendido en la mentira. No hizo falta un silencio demasiado largo de su parte para que ella entendiera que no se lo iba a decir.
―Está bien, para que sea más justo, yo tengo veintinueve.
Con su confesión, Jesse viró en redondo a verla. La zona de la piel entre los cristales de sus gafas se había tensado un poco indicando un ceño levemente fruncido; la única muestra de expresión que Charis le había visto hacer desde que lo había conocido:
―Pero Daniel y tú fueron compañeros de colegio. Él tiene treinta y dos.
―Digo la verdad, señor detective ―alegó Charis, rodando los ojos―. Fuimos a la misma escuela, pero no íbamos en el mismo grado. Nos conocimos fuera del colegio y coincidíamos en el autobús. Eso fue hasta que él tuvo que irse. ¿No te contó eso?
Jesse negó pausadamente, y ella prosiguió con su historia:
―Según has de saber, no hay universidades en la ciudad, así que tuvo que irse a estudiar fuera, a donde viven sus padres. Y yo también; solo que decidí quedarme a vivir en Nueva York un par de años con una amiga —recordó Charis, con cierta nostalgia, y dejándose llevar por la charla—. No me fue muy bien allá que digamos y por eso regresé. Pensaba buscar a Daniel apenas resolviera donde quedarme; pero no tuve que buscarlo demasiado, pues nos encontramos poco después y él fue quien me ayudó a conseguir un apartamento en este edificio. De eso hace ya casi un año ―finalizó Charis, y cuando volteó para verle y se percató de que él no le había quitado la vista, sintió que era la primera vez en toda la tarde en que el muchacho parecía estarle prestando atención― Bien ¿me crees ahora?
Él asintió, convencido. Charis consideró oportuno preguntarle sobre el único detalle que recordaba gratamente del día en que se habían conocido:
―Tú ya sabías mi nombre. Me reconociste en cuanto me viste ¿no es así?
Jesse asintió una sola vez y Charis se apoyó sobre la mesa, descansando los codos sobre ella. Parecía que el muchacho ya sabía varias cosas de ella, incluso antes de conocerla. Le inquietaba pensar en cuantas más le habría contado Daniel; sintió que eso la ponía en cierta desventaja; pues ella no sabia casi absolutamente nada de él, y lo poco que sabía, se lo había dicho Daniel hacía tan solo unos días atrás. Si eran tan buenos amigos los dos ¿por qué Daniel nunca antes lo había mencionado a él, a pesar de que ella había regresado hacía casi un año? Prefirió guardar sus dudas.
―Y bien ¿vas a decirme tu edad ahora? ―insistió Charis.


Última edición por LaurieCay el Sáb Sep 19, 2015 8:36 pm, editado 6 veces
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Re: Monochrome

Mensaje  Allyssyah el Sáb Ago 22, 2015 12:01 am

Mi niña! JSLFJLKSJFKLJSLKJF Por qué no había leído esto? D: necesitaba leer esto! Dios no! Daniel, la regó tratando de arreglarlo XD Pobrecita Charis, está toda traumada. Si uno se pone en su lugar, es bastante lógico que se haya traumado al ver un cuerpo y a un chico que parece fantasma ._. Puedo darle un punto a su favor. Y me mató eso de que le tiene asquito XD Imaginando todo los muertos que maneja. Pobre! Y pobre Jesse, está ahí en un rincón sin saber qué decir ni hacer!
Cuando dice que sabe quién es Charis, la verdad si pudo ser creepy XD
Y Daniel, ve la tormenta y no se inclina! Cómo se le ocurre poner a esos dos en un mismo cuarto solos, por tiempo indefinido? El hace todo su esfuerzo para limar las asperezas de sus amigos, y ellos no hacen nada. Pobrecito Dan <3
Jessito, me da tanta pena saber toda la verdad tras su comportamiento extraño 3: Y lo peor es que sí, la gente suele asustarse con gente como él, creyendo sólo que son creepys o groseros sin saber qué hay detras :/
Siguelo por favor! Quiero terminarlo de leer! Quiero saber en qué acabará esa cena!
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Re: Monochrome

Mensaje  LaurieCay el Mar Sep 01, 2015 7:53 pm

Mi hermosa, gracias por comentar!! te adoro tanto ♥

Dan XD Vive en su mundo de fantasia donde todos se aman y son amigos de todos. En el fondo es un osito cariñosito.

Es que sí! para Daniel nosotras, que ya lo conocemos, puede resultar inofensivo, pero para alguien que no conoce bien su forma de comportarse o sus razones, debe ser bastante creepy un sujeto que trata con muertos, y que aparte no habla, no se rie, no hace ruido y te evita la mirada D:
En un inicio hasta asco le tiene XD de hecho hasta ya muy avanzada la historia no le deja tocar comida que ella va a comer.

Lo ando siguiendo!! ire subiendo más del cap conforme vaya escribiendo más. De hecho lo tengo terminado! pero ARGH! es que luego lo releo y no me gusta y vuelta a editarle! T-T

Te amo, hermosa mia! gracias por comentarme ♥
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Re: Monochrome

Mensaje  violeta el Lun Sep 21, 2015 7:11 pm

HI!!!

Me ha encantado el capitulo. Primeramente, -siempre lo digo pero tengo que mencionarlo una vez mas- tu narración es exquisita, llevar, fácil de imaginar y pesar todo no repites adjetivos. Me encantaría estar ahí olfateando la salsa boloñesa. Resumo el capitulo como divertido e interesante. Veo que es el momento en la que por primera vez estamos conociendo a Jess (A través de los ojos de Chris) así que realmente me entró la intriga y el interés por este chico. Lo que me encanta es que no sea en onda romántica, ni mucho menos, ya estamos hasta la coronilla de esas historias donde el meollo del desarrollo sea conocer a un guaperas cachas perfecto etc... Aquí estamos hablando de conocer a un sujeto que representa lo contrario.

Me encanta Charis, entre mas leo de ella mas me gusta y mas me identifico con ella XD, creo que contar la historia a través de ella es un puntazo, por que es una persona con la que cualquiera se puede proyectar. No es la típica mujer hermosa por la que todos pelean y que desborda bondad y buenos sentimientos etc... XD eso te lo agradezco, por que la noto mas real e imperfecta sin llegar a ser "una complejidad llena de matices", es tan solo una mujer promedio, con miedos y prejuicios habituales. Es sencillamente muy palpable y realmente me gusta.

Jesse por otro lado es muy intrigante y extraño y una vez mas es un puntazo verlo desde fuera y conservar el misterio. Me gusta verlo como un "pequeño alien", es decir, asexuado, excéntrico, extraño, toda una caja de misterios que es difícil descifrar y a pesar de todo con mucha benevolencia. Me gusta el detalle de no tener idea de su edad!... yo le calculo 22 , pero si ya ha cursado medicina y esta como practicante, puede que esté entre los 24 0 25. Pero ne estoy haciendo pelotas mensajes... XD mejor me quedo con el misterio.

Daniel es encantador! lo adoro! XD btw... Hay que mala, ya se me antojo la salsa de Daniel y justamente hoy comencé la dieta >_< (Sip otra vez XD) su backstory es linda y buen detalle que coleccione música country. Se ve que lo tienes muy desarrollados los personajes.

Continúa así! Smile quiero saber mas de esta historia
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Re: Monochrome

Mensaje  LaurieCay el Miér Sep 23, 2015 9:03 pm

Miles de gracias, Vi, preciosa!! la verdad es difícil a ratos intentar no repetirse en algunas palabras, me alegra mucho que te guste!!

Oh gawd yo amo la salsa bolognesa con toda mi alma ♥ Creo que de todos mis pjs, Daniel es el mejor cocinero jaja maldita dieta D':

En un principio estaba escribiendo la historia desde un punto de vista muy omnisciente, pero luego se me hizo interesante intentar contar las primeras miradas a la historia desde el punto de vista de Charis, y revelar de a poco a los demás personajes.
Jess es todo lo contrario! jajaja la verdad sí queria alejarme un poco de ese prototipo de chico misterioso que es inhumanamente guapo y encantador, en que la chica, pese a sentir miedo, se siente inexplicablemente atraída hacia él.
Charis solo le tiene tirria XD y los esfuerzos que hace son solo por Daniel.

Soy tan feliz de que te identifiques con Charis! en un principio sentía que era un personaje demasiado "persona promedio" pero luego ya no quise modificarla porque tambien senti que eso era lo la hacia especial; que era una chica comun con la que uno se podía identificar facilmente; como dices con miedos, prejuicios, rencores...

Mi niño es un pequeño alien! ♥ tienes razón, a veces es como si fuera de otro planeta y no entendiera bien como funciona este jaja Tengo que admitir que fue un reto acostumbrarme a él, porque es completamente diferente de cualquier personaje que haya creado antes. Incluso a mí me daba problemas entrar en su cabeza y saber cómo reaccionaría en diferentes circunstancias, pero quebrarme la cabeza me ha ayudado a conocerlo y cada vez es más facil manejarlo x3
Daniel creo que es el personaje con quien menos he rabiado. Me ayuda mucho a llevar la historia. Pese a ser secundario, es el centro de todo. El que mueve los hilos, digamos. Le he tomado muchísimo cariño

Su edad seguirá siendo un misterio!! quien sabe hasta cuando?? ;D
Muchisisismas gracias Vi! estoy muy feliz de que te guste!! me pone tan feliz recibir comentarios positivos de nuestra matriarca ♥ Subiré otra parte pronto!
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LaurieCay

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Re: Monochrome

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