Extractos sueltos

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Mensaje  LaurieCay el Miér Jul 29, 2015 9:49 pm

Al final quería escirbir un Drabble y termine encariñandome con todo este parrafo que es un poco antiguo. Es una conversacion entre Lea y Cay casi al principio de la historia. Pensé que sería cool enseñarles que tipo de relación tienen ellas Very Happy

Aqui está!!:


Spoiler:
—Veinte kilos de tocino y res ahumada, veintidós kilos de queso de cabra, cien litros de vino... —susurró la chica escribiendo con la pluma humedecida en tinta apoyada sobre la mesa del timón— Si. estoy segura de que con eso será más que suficiente —susurró para sí misma—. Estará bien para llegar a Jamaica. No harán falta más atracos —decidió—. Aun hay algunas cosas que necesitamos y las he subrayado. Reúne un grupo de hombres y repásales la lista. En cuanto todos vuelvan con las provisiones, zarparemos.
Lea a su lado bostezó aspirando la fresca brisa matutina y estiro los brazos como si quisiera tocar el cielo. Bajó uno de ellos para alcanzar la lista de las manos de Caylis y le echó una rápida revisada:
—Bien. ¿Como andamos de munición?
—Tenemos el arsenal repleto. Listos para una buena temporada de pillajes, sí señor. Al llegar a Maracaibo, venderemos allá todas las cosas de valor que podamos juntar este mes; con el dinero haremos algunas reparaciones al Hirondelle, en algún astillero, nos aprovisionaremos bien, y tendremos suficiente para permanecer en mar abierto una buena temporada. Me atrevería incluso a decir que más que suficiente ―afirmó satisfecha.
Su oficial de cubierta rió por lo bajo, meneando la cabeza:
—Mejor dicho, lo más lejos posible de tierra.
Caylis frunció los labios en una mueca y se apoyó contra la baranda del puente de mando.
—No me emociona ir a tierra firme, particularmente, después de las semanas que hemos dejado atrás. —respondió, susurrante y ocultando el gesto amargo de su cara del alcance de la visión de águila de Lea— No hemos tenido más que problemas en tierra; siempre los hay. Me siento mucho más segura mar adentro.
Lea adquirió en la voz un tono de reproche; en aquella entonación maternal que usaba siempre con Caylis cuando consideraba que la muchacha estaba en un error:
—Por dios, niña. Deberías habituarte a permanecer algo más de tiempo en puerto. Ya no se te puede ver caminando por terreno sólido sin cojear y zigzaguear debido a ese pie marino que tienes tan arraigado.
Caylis rió. Hacía ya bastante tiempo que habían dejado de molestarle las bromas de Lea acerca de su peculiar forma de caminar en tierra. Cuando una persona pasaba la mayor parte de su vida moviéndose por superficies en constante vaivén como lo era la cubierta de un barco, su equilibrio se desarrollaba en gran medida y este le capacitaba para permanecer firmemente de pié sobre los suelos más inestables. Pero en contrapartida, los pisos firmes, podían provocar cierta tendencia a caminar dando traspiés y un inicial desbalance al desplazarse. Era conocido como el mal de pie marino. Y Caylis, después de haber pasado casi doce años en el mar, no era la excepción.
—Hablas igual que mi padre algunas veces —recordó, remontándose a los tiempos en que su padre solía hacer comentarios de esa misma clase, casi escuchando el sonido de su voz dentro de su cabeza.
—Tu padre tenía razón.
—Bueno, él no tenía mucho que decir al respecto ¿o sí? —bromeó la muchacha, y bajó la escalerilla del alcázar para ir a su cabina. Lea la siguió, dictando en voz alta las últimas órdenes antes del desembarco que harían en aquella pequeña costa. Se trataba de una villa pesquera, que estaba abrigada dentro de una bahía bien oculta entre Dieppe y Fécamp. No era tan rica en tabernas como lo hubiese querido la tripulación, pero los negocios entre los comerciantes locales con los barcos pasantes era bien conocido.
Dentro de la cabina estaba demasiado fresco y Caylis abrió las cortinas para dejar entrar el sol en la instancia, y calentarse la piel erizada de los brazos. Lea se aproximó al escritorio; reconoció muchos de los instrumentos sobre las cartas desperdigadas. Habían pertenecido todos al fallecido capitán Rousseau, padre de Caylis; y observarlos le contagiaba de una gran nostalgia. Cuando reparó en el gesto pensativo de Caylis, supo que ella pensaba en lo mismo:
—A decir verdad —dijo Lea, después de aclararse la garganta—, tu padre siempre temió por que te acostumbraras demasiado al mar y renunciaras a una vida en tierra.
—Por dios ¡No vayas a salir con eso ahora! —gimoteó Caylis, desabotonandose la camisa, y dejándola resbalarle por los brazos, al tiempo que la arrojaba sobre el mesón y se agachaba junto a su viejo baúl de ropa, buscando alguna tela más gruesa con la que paliar el frío—. Tú sabes bien que no tengo vida en tierra; y él debió saberlo también.
Lea no abandonó su firmeza, y en cambio asumió el papel de una madre obstinada. Después de todo, en la vida, Caylis había carecido casi por completo de una figura materna. Lea era lo más cercano que tenía a la voz de experiencia de una mujer mayor y eso le había bastado; pero al parecer no había sido suficiente para evitar que la muchachita hubiese crecido con convicciones tan poco ortodoxas acerca de lo que una mujer podía querer en la vida; pero Lea nunca se había dado por vencida en la tarea de intentar y hacérselo ver.
—Si la quisieras, podrías tenerla, Caylis —insistió, de manera tentativa—. Aún eres joven, y las heridas aún no han malogrado demasiado tu belleza; los hombres son poco observadores. Estoy segura de que encontrarías un excelente marido —y añadió en una risa—. Uno al que no le importe demasiado tu andar de marinero viejo.
Caylis dejó escapar una abrupta risotada con su broma, y apenas recuperó lo suficiente el temple para preguntar:
—¿Y donde, exactamente, esperas que consiga un marido? ¿elijo a alguien de la tripulación?
—Necesitas a alguien que te saque de este pantano, Caylis; no a alguien que te hunda más más en él —suspiró Lea—. Un joven señor, el dueño, o el hijo del dueño de alguna plantación de las miles que hay en el caribe. Sin mucho dinero aún, pero con un gran corazón. No tiene que ser un duque o un conde.
Caylis meneó la cabeza, pero estaba tan metida dentro del baúl, que Lea no lo notó cuando lo hizo. Sonaba tan fácil.
—Ellos buscan a una dama de noble cuna, Lea.
—Eres una dama de noble cuna.
—Una que se comporte como tal, en todo caso. Veamos, digamos que eligiera a alguien de la tripulación.
—Creí haberte dicho...
—Los conozco y ellos a mí. No querría desposar a un extraño sin tener la certeza de que es todo un hombre; y mis hombres, puedo garantizarte que lo son. ¿Se te ocurre un buen candidato? —masculló Caylis, ahora con medio cuerpo metido en su baúl, saliendo segundos después, empuñando una camisa invernal, que olfateó un momento. No olía demasiado mal, salvo ese aroma perpetuo a humedad que infectaba la mayoría de las telas a bordo de un barco, así que se la colocó luego de sacudirla un par de veces.
—Elige al que tenga menos piojos, o el que tenga el mejor aliento —sugirió Lea, con tono serio, aunque se le escapó un matiz sarcástico—. Por otro lado, dejando fuera las bromas, ese muchacho nuevo, Marti, parece todo un caballero. También tienes a Thomas.
—Estoy segura de que ambos harían unos estupendos maridos para una fina dama.
—¿Lo cual tú no eres?
—Te equivocas; sí soy una dama. Ser fina es algo diferente. ―y añadió en otra sonrisa―. Desposar un caballero; mira tú por donde... ―y movió la cabeza.
—Thomas está loco por ti —sonrió Lea, sugestiva.
—Lo está... —suspiró Caylis— Y no puedo culparlo, Lea. Somos las únicas mujeres a bordo de un barco repleto de hombres, y según lo que se, no se ha visto jamás al señor Lodge salir sonriente y con los bolsillos vacíos de un burdél. Es un hombre decente que ha tomado malas decisiones, pero que aún así, se merece a una buena mujer; y aquella definitivamente no soy yo.
—¿Quieres decir que entonces no te gusta? ¿ni siquiera un poco?
Caylis lo meditó un momento. Claro que lo consideraba un hombre inteligente y muy apuesto; le igualaría quizás en edad o la sobrepasaría tan solo un par de años, pero no blandiría una espada ni la mitad de bien que blandía una pluma y el solo hedor del humo de una lámpara era capaz de sofocarlo. Era un gran hombre, no su tipo de hombre. Sin saber qué responder, exhaló, exasperada, arrojando la vieja camisa sucia, de vuelta al baúl, cerrándolo de un golpe:
—Lea ¿será posible que estés buscándome en realidad un marido? pensaba que bromeábamos, pero el tono de está conversación se torna cada vez más serio, y empieza a preocuparme.
Lea suspiró, relajando los hombros, sin descruzar los brazos, arrojándole una mirada suplicante:
—Sabes que no hay otra persona en el mundo que desee esto para ti, más que yo. No sabes cuan feliz me haría verte entre los brazos de un hombre que pueda protegerte y procurarte un futuro; una vida larga. Tu padre cometió un error trayéndote al barco tan joven, permitiendo que te enamorases de un amante tan traicionero y cruel como lo es el mar; arrebatándote la vida que pudiste tener —Caylis le hurtó la mirada para contemplar los surcos de la madera agrietada del baúl, eligiendo con cuidado sus siguientes palabras. Estaba muy consciente de cuan herida había sido Lea por la vida y lo mucho que en algún momento había deseado ella misma un marido, una casa y una pequeña familia llena de niños... Y no pretendía en ninguna manera lastimarla, despreciando su idea de un futuro hermoso; aunque este no se pareciera en nada a lo que Caylis tenía en mente como su propio futuro. En un tono afectado, pero a la vez, cariñoso, Lea añadió:— Aún puedes tenerla. Haz lo que yo nunca podré, Caylis.
Finalmente, la muchacha se levantó de su sitio junto al baúl, ayudándose, apoyada sobre este, y se atrevió a mirar a su amiga con una sonrisa remordida:
—No creo que eso vaya a pasar —masculló, y Lea soltó un largo suspiro, adoptando nuevamente su acostumbrada actitud seria y firme. Sus pupilas, como ónices, se desplazaron hasta el rabillo de sus ojos. Caylis deslizó los dedos por encima de la carta náutica, acariciando la superficie porosa y seca del papel. Observó el dorso de sus manos. Estaban cruzadas de algunas cicatrices, las uñas estaban rotas y sucias; y la resequedad de su piel le plegaba algunos surcos en los nudillos. Buscando distraer su atención, cerró los dedos alrededor de un pisapapeles de acero, que tenía la forma de un galeón parecido al Hirondelle, y lo puso en medio de la carta marina, encima de la extensión que representaba el océano—. Mi vida está en el mar. Mi vida es el mar. El Hirondelle es mi hogar, y mis hombres son ahora mis hijos. Es todo cuanto necesito y quiero.
—Eres incorregible —siseó Lea, aproximándose a ella e inclinándose también junto a la carta náutica. Tomó la mano de Caylis entre la suya y le hizo desplazar la pequeña figura por la carta náutica hasta detenerse encima de una costa de Francia que Caylis ya conocía—. Pero te guste o no, moza, una parte de tu vida está en tierra. ¿Cuantos años han pasado desde la última vez que viste a tu madre?
Caylis viró en redondo a ver a Lea. Su expresión de sorpresa duró unos segundos antes de suavizarse y convertirse en una mirada melancólica volviendo a observar la carta. La última vez que había visto a su madre, había sido el día en que había retornado a Francia para darle la noticia de la muerte de su padre. Su madre había quedado completamente destrozada.
Lea suspiró viéndola por el rabillo del ojo. Nuevamente sabía en qué pensaba ella. Recordaba bien ese fatídico desembarco en La Rochelle. Desde aquel entonces, el Hirondelle no había vuelto a atracar en esas costas:
—Escucha —susurró Lea, apartando a Caylis del mesón y asentando dos gruesas manos color caoba sobre sus hombros—. Sé lo que significaría para ti volver allí. Pero no puedes abandonar para siempre a tu familia —antes de que Caylis pudiera protestar, Lea la zarandeó un par de veces con suavidad—. Porque son tu familia, Caylis. Amethyste es tu madre, y sus hijas son también tus hermanas; aunque no compartan la sangre del mismo padre. Llegará el día en que debas vencer a tus demonios. Tu padre lo hubiese querido; sé cuantas veces deseó que volvieras a ver a tu familia. Me lo dijo.
Caylis agitó la cabeza un par de veces:
—Pero ¿a estas alturas? Aún hay ocasiones en que el rostro de mi madre, llorando devastada, me entorpece el sueño. No creo que vaya a recibirme con los brazos abiertos; muchos menos mis hermanas; y de todas formas, no lo merezco después del modo en que me fui aunque me suplicó que me quedase. No planeo volver a ese lugar. No quiero.
—Caylis...
—Las provisiones, Lea. Que no se haga tarde —señaló la joven, poniendo un abrupto punto final a esa conversación, sentándose frente a su escritorio, y retirándole la mirada, para dirigirla a la linea difusa del océano, por su ventana.
Lea dejo caer la cabeza hacia su hombro y se mordió los labios. Era obvio que la herida en el pecho de Caylis por la pérdida de su amado padre, aún no había cerrado del todo. Si después de cuatro años seguía fresca ¿había aún esperanzas de que cicatrizara algún día? Sin más palabras que decir, Lea se retiró a cumplir la orden.
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Re: Extractos sueltos

Mensaje  violeta el Vie Ago 07, 2015 2:40 pm

Super interesante! Reamente no había reparado en pensar en la relaci´n de estas dos. Tenía idea de Lea mas bien como de Bicchi. Me sorprendió lo maternal que es Lea, aun mas sorprendente que este metiendole en la cabeza a Cay casarse. Yo tenia idea bien diferente, que Lea era de un caracter mas agresivo y mas dura, que era compañera de fechorías de Cay XD... Si que me a ayudado a conocer mas a estos personajes esta lectura. Laurie esta muy bonito!!! Me gusto mucho la charla. Creo que Lea y Scott sienten lo mismo por Cay, tienden a protegerla y aconsejarla paternalmente, so ademas de tripulantes una especie de Guía para ella. :3 Hermoso Lau! Muy mono!!!


Como siempre, al terminar de leerte me quedo con la sensación de querer mas !!!
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Re: Extractos sueltos

Mensaje  Nono el Vie Ago 07, 2015 4:46 pm

Wow conversación profunda!! Nunca había leído nada de Caylis con Lea... Nunca había leído nada de Lea en realidad, para mí Lea no era más que la directora de CDHS. Pero me gustó muchó lo que leí, como Lea se preocupa por Caylis como si de verdad fueran madre e hija. Me gustaría leer algo de Lea y Scott también, jejeje Smile
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Re: Extractos sueltos

Mensaje  Draperdi el Dom Ago 09, 2015 7:06 am

Owww ESTA GENIAL LAU!! Siento haber tradado tanto en comentar pero entre unas cosas y otras no podia terminar de leerlo y la primera vez lo vi empece a leerlo ydespues no lo pude terminar y se me paso de la cabeza....shame on me!! Pero ayer por fin pude terminar de leerlo

Esta tan genial!! quiero decir...creo que es la primera vez que leo algo de este estilo contigo. Si habia leido conversaciones mas o menos serias pero no con esta profundidad... Aunque solo llega a rasparla en mi opinión. Pero me gusta la relación que tienen Cay y Lea. Lea habla desde su experiencia y no quiere que Cay pase por lo mismo que ella. Sabe que tiene una oportunidad de cambiar. Y el echo de que intentara hacerle cambair de opinión con lo del marido fue interesante.
Tambíen fue divertido imagianrme a Cay andando en tierra. Ha de ser la mar de divertido xD chistaco de regalo xD
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Re: Extractos sueltos

Mensaje  LaurieCay el Vie Ago 21, 2015 12:23 pm

Gracias chicaaas!! bueno respondo!

Lea y Scott son como padres de Cay, más que sus prpios padres. Gracias Nono! es algo diferente de su rol de directora pero no del todo. Aunque es dura con sus alumnos, se preocupa de ellos :'D escribiré algo de Lea y Scott! o buscare algfun parrafo y lo subo

Annie, gracias! Cay y su andar de marino viejo XD es que tiene ese mal que esta demasiado acostumbrada a andar en barcos porque anda poquisimo por tierra, entonces cuando baja, le queda ese tambaleo que le puede durar variashoras antes de habituarse a pisar terreno firme. Cuando se queda en casa de su madre despues de haber bajado recientemente del barco, la gente nota enseguida eso, junto con que tiene la piel más morena, las manos maltratadas, y un acento aspero. A algunos les parece vlgar y extraño, a otros interesante. Dependiendo de gustos de cada quien jaja

Gracias por comentar Vi!! bueno no estas del todo equivocada! Lea si es dura y severa la mayor parte del tiempo, pero no tanto porque sea su única faceta, sino porque tiene que serlo obligadamente a la hora de lidiar con un grupo grande de hombres. ya que ella es oficial de cubierta. Si se permitiera ser excesivamente blanda, no le podrían tomar en serio; por eso es que reserva su faceta mas docil y suave con Cay. Cuando Cay llegó al barco, era una niña, de manera que Lea, con 26 años que tenía en ese entonces, se convirtió para ella en una figura materna. Scott y Lea practicamente criaron a Cay, y es por eso que Lea puede actuar tanto como colega de fechorias, como hermana complice de confidencias, y tambien como una madre que se preocupa.

Digamos que Lea está acostumbrada a su vida y está a gusto con ella porque es la vida que conoce, pero en el fondo, de haber tenido al posibilidad de elegir, mil veces hubiese preferido no ser raptada de su casa siendo tan joven, y no haber sufrido todo lo que ella y Scott sufrieron cuando les capturaron, arrancaron de al lado de su familia y les vendieron, antes de que el padre de Cay los encontrara y les diera una segunda opción.

De alguna manera, Lea siente que a Cay le hicieron lo mismo; porque ella era muy pequeña y jamás hubiese podido saber lo que le deparaba el futuro al decidir irse con su padre, por eso cuando Cay crece, Lea ocasionalmente le mete en la cabeza la idea de formar otro tipo de vida. Porque siente que no debería desechar la idea, sin antes haberlo intentado y tener razones firmes para saber que es esa la vida que quiere y no otra.
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