El perro ovejero - Extracto de capítulo

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El perro ovejero - Extracto de capítulo

Mensaje  LaurieCay el Dom Dic 22, 2013 5:34 pm

Bueno, les dejo este cachito por aqui ahora que he vuelto a escribir. No es nuevo, pero lo estuve mirando luego de pasar algo de medio año sin dedicarme a mis queridos chicos piratas y pienso que ahora está bastante más decente. Ojalá les guste!! lo mas probable es que se queden muy de WADAFUQ!!

Pero.... bueno! Very Happy

Spoiler:
Poco a poco, el Hirondelle se alejó de la costa; y conforme se adentraba en el mar, a lo lejos, la isla de Alderney se hizo más y más pequeña en el horizonte, hasta que de ella no quedaba nada, sino una silueta difusa y opaca sobre la linea del mar. Tal y como la primera vez que la habían divisado. Y Caylis se había perdido en la costa de la isla mucho antes que la misma desapareciera en la lejanía. De eso hacían ya dos días; un periodo de tiempo muy corto para el drástico rumbo que habían tomado las cosas.
Gárin apartó la vista de la costa de la isla y exhaló alejándose de la baranda. Al caminar, el peso de su torso sobre el costado lastimado aún le resentía la herida fresca y lo hacía jadear. El médico había puesto un especial afán en recordarle que su recuperación requería de tiempo; pero aquel era tiempo que no podía perder. Todo parecía haber terminado para Morkham y para Caylis; pero para él, las cosas no habían hecho más que empezar.
Miró a su alrededor. Los hombres de Morkham afanaban sin descanso en sus tareas. Gárin no había visto al nuevo capitán desde la mañana. Luego del maroon de Cay, se había encerrado en la cámara de oficiales con su contramaestre; un tal Staford, hombre alto, gruñón y con una cicatriz en el rostro; y el maestre, del cual solo había visto una robusta espalda. El contramaestre no era tan alto como Scott, pero las largas y protuberantes cicatrices que podía contarse claramente en la espaldas de algunos hombres que iban a torso desnudo a causa del acaloramiento del trabajo, le decían que no por nada había ganado tal honorario, junto con el gato de nueve colas.
Le abrumó encontrarse de pronto completamente rodeado de desconocidos. Había contado desde un principio con tener a la tripulación del Hirondelle pululando libremente por las cubiertas; pero Morkham era indiscutidamente un hombre previsor y lamentó no haber puesto atención a su propia observación en el momento en que la había hecho a modo de burla. Sin duda su propósito se había complicado el doble. La ayuda que iba a necesitar estaba tras los poderosos barrotes de los calabozos, y él estaba solo.
Se paseó un momento por la cubierta del alcázar sin saber qué hacer primero. Los hombres que pasaban a su lado le dedicaban densas miradas, anegadas de recelo. ¿Qué hacía uno de los hombres enemigos pavoneándose por todo el barco, sin trabajo que hacer, mientras los fieles de Morkham se partían la espalda?
―No te queda mucho tiempo. —Le dijo una voz, hostil y susurrante.
Meditabundo como estaba, le sonó en la cabeza como si se tratase de uno más de sus pensamientos, ahogado entre todo el bullicio de las olas y de los hombres trabajando. Pero aunque le sonó familiar, se le hizo ajena y tuvo que darse la vuelta para darse cuenta de que venía de detrás de él y no de su cabeza. Casi se le congeló la sangre en las venas cuando se encontró de frente con un rostro que aunque no le era conocido, palpitaba en su memoria como un recuerdo familiar. Lo observó confuso. El rostro del hombre estaba fruncido en una mueca rara, parecida a una risa, pero demasiado torcida para serlo:
―Encontrarás pronto tu sitio en el fondo del mar, maldita basura.
―¿Quien demonios eres tú?
―No me recuerdas. Pero yo sí te recuerdo. —Explicó él con un índice torcido en alto frente a su rostro—. Tal vez recuerdes a uno de nuestros compañeros; un amigo estimado... Tú y tu pequeña zorra se encargaron de enviarlo al otro mundo.
Gárin asintió pausadamente, empezando a comprender. Estaba nada menos que de frente aquel hombre que ahora recordaba llorando a vivos gritos la muerte de su compañero en el escondrijo en que les habían emboscado a él y a Caylis. Él mismo había blandido la espada contra aquél, dándole muerte casi al instante.
―Confío en que esa puta se habrá volado ya los sesos. Y a ti no te queda mucho.
El puño del rubio estuvo a punto de volar al rostro desfigurado de pesar del hombre frente a él; pero se contuvo en su sitio. No podía hacer nada precipitado. Y por si fuera poco, tenía ahora otro problema con el cual lidiar.
En cuanto aquel se alejó balanceándose de forma pesarosa, Gárin cerró los ojos, esforzándose en escuchar solamente el sonido de sus propios pensamientos. Pero cuando lo hacía, todo lo que podía oír eran los gritos desgarradores de Cay. Deseándole la peor de las muertes, jurando la más terrible venganza, llamándole los peores nombres... Y sin embargo no eran sus palabras aquello que no podía olvidar; sino el dolor detrás de ellas. El temblor de su voz, jadeos arrebatados camuflando sus sollozos... y aquella última visión. A la devastada mujer arañando desesperadamente la arena bajo sus rodillas. En ese momento había vuelto la vista al frente y ya no había podido mirar atrás sino hasta que se había perdido de vista. Aquel era el último recuerdo que tenía de ella, y esa imagen era la única que saltaba a su cabeza cuando cerraba los ojos para recordarla. Intentaba mantenerse frío, pero estaba resultándole difícil.
Staford salió entonces de la cabina de oficiales. Gárin lo vio salir en el momento en que se vio arrancado de sus pensamientos por el seco tumbo de la puerta golpeando contra la pared y cada uno de sus pesados pasos azotando la cubierta. Una gran cabeza calva se movió girando encima de su fibroso cuello y se detuvo en cuanto su mirada lo hizo, cuando aterrizó en los ojos del rubio.
―Killian ―bramó aquel y Gárin entornó los ojos esperando que algún otro Killian surgiera de entre la tripulación y diera un paso al frente. Pero todo indicaba que el aludido era él y adivinó que Morkham no se haría esperar más en lo que respectaba a la cláusulas de su acuerdo; de modo que se acercó―. El capitán quiere cruzar un par de palabras contigo, perro.
Gárin asintió, limitándose a no prestarle demasiada atención cuando pasó junto a él:
―Rápido, afortunada nueva meretriz del capitán.
―Lamento que perdieras tu sitio en su lecho. —se disculpó Gárin con gesto apenado.
Morkham apareció en el umbral de la puerta justo antes de que Staford hiciera más evidentes sus intenciones de echársele encima a golpes y este se domeñó bajo la dura mirada de su capitán, que le hizo retroceder. Gárin se adentró en la cabina, no sin antes sonreírle satisfecho al que tenía todas las pintas de ir a convertirse en un nuevo rival. Dos días tratando con los hombres de Morkham y tenía dos nuevos enemigos. Pensó que si las cosas no iban como esperadas, por lo menos tenía garantizado un panorama interesante para el resto del viaje.
Para su pesar, Staford se les unió en el quicio de la puerta y Morkham la cerró tras de él. Los tres se unieron al maestre, que estaba sentado a la mesa al fondo de la cabina con una cara agria. Gárin se mantuvo firme a pesar de los nervios. Casi podía escuchar los gruñidos de los perros de Morkham, y a su vez él estaba a punto de enseñar los colmillos y rugir los suyos propios.
El maestre se levantó de su sitio dando un leve golpe sobre el mesón:
―Capitán... debo protestar.
Bastó un vistazo de Morkham para aplacarlo y que se quedara tan en silencio como un niño regañado. Gárin exhaló un bufido que puso sobre él la atención de tres hombres súbitamente irritados.
―Ya veo que tienes muy bien entrenados a tus perros.
―Muerden más que lo que ladran ―advirtió Morkham―. Harías bien en irte con cuidado con ellos. Lo que quiero aquí, es llegar a un acuerdo. A estos caballeros les parece insensato confiar de una forma tan ciega en un aparecido de cualquier parte, y que además pertenece al bando enemigo. Opinan que debería matarte antes de que nos causes algún problema ―explicó Morkham paseándose en círculos por la cámara, hablando con tanta calma como si discutieran alguna banalidad sin importancia.
Gárin alzó las cejas trasladando las manos a la cintura:
―Pues yo digo que no les falta razón a tus chuchos. Sí que es bastante insensato meter a un enemigo entre la tripulación ―admitió para la sorpresa de todos―.  Pero si resulto no ser alguien de fiar, podrán colgarme cuando les de la gana. Perderán un tripulante y yo perderé mi vida. Se muy bien cuan alta es la apuesta que me estoy jugando.
Los hombres le observaron con atención. Ya no solo irritados; sino repentinamente interesados en su argumento. Morkham enarcó las cejas hacia ellos. El maestre había bajado la guardia un poco. Staford permanecía igual de suspicaz. Fue a hablar, pero su compañero se le adelantó intentando aportar algo de calma a la tensa situación:
―Capitán, con todo respeto ¿le parece que...?
―¿Está cuestionándome otra vez, señor Pintal ―se dirigió al mas pequeño y robusto, el contramaestre―? Van tres veces esta mañana ¿desde cuando se ha vuelto una costumbre?
―Es uno de los fieles de esa muchacha. Asesinó a nuestros hombres.
Morkham se apartó de la mesa exhalando con frustración. Gárin contempló la escena desde las sombras. Mirando la situación desde esa perspectiva comenzaba a recapacitar sobre muchas cosas que antes no se había parado a pensar. Por despiadado y caprichoso que fuera un capitán, su decisión jamás podía ser solo suya. Un buen capitán, incluso uno como Morkham, dependía del contento de su tripulación. Incluso él parecía que tenía problemas manejando a un grupo de marinos en la dirección que deseaba.
―Estará bien mientras mantenga a la tripulación de Caylis segura en los calabozos.
―Le ha prometido liberarlos también, capitán. Y no solo eso, encima de todo...
—Necesito una tripulación, señor Pintal.
—En tabernas abundan hombres más que capaces de...
―Los piratas ordinarios le temen a los galeones, maestre ―lo cortó Morkham empezando a alterarse―. Son pesados, difíciles de maniobrar y fáciles de localizar. No me será fácil reclutar una nueva tripulación para el Hirondelle Argenté. ¿Por qué no conservar la que ya tengo? Estos parásitos han pasado más años maniobrando un galeón de guerra que siguiendo las órdenes de esa mujer. Lo conocen, lo quieren, saben lidiar con él. Y ahora tengo a uno de esos parásitos de mi lado y que puede garantizarme un buen trato con ellos. ―se dirigió a Gárin, esperando alguna afirmativa de su parte y él sólo asintió, mordiéndose la lengua con fuerza detrás de los labios sellados.
Aún las palabras del capitán no habían logrado amainar las inquietudes de sus hombres. No había nada que él pudiese decir para surtir el efecto contrario. Todo lo que podía hacer era fiarse de la protección de Morkham y aprovechar su confianza para poner manos a la obra apenas Staford y Pintal se descuidaran. Aunque algo le decía que aquello no iba a suceder pronto y se preparó para ser más creativo a la hora de evadirlos, pues le tomaría menos tiempo hacer eso que sentarse a esperar que le quitaran de encima los ojos.
―Vamos a ver que pasa, caballeros. Esperaba contar con su aprobación, pero de momento me basta su silencio.
Staford empezó a hablar:
―Nadie ha dicho que...
―Y a usted, señor, sería muy bueno para usted guardar esa lengua suya donde no me moleste. No sea que me haga enfadar y me encargue yo de cortársela y guardarla en la tripa de algún pez.
El aludido bufó y guardó silencio, no sin antes dirigir una mirada retadora al rubio, que el respondió con otra sonrisa burlona.
―Y tú, Killian, te convendría poner ya las botas en marcha hacia los calabozos y comunicarles a los hombres por qué se les ha retenido en el barco ―avanzó hacia el mesón y se inclinó sobre la carta de navegación echando un vistazo a la ruta marcada a carboncillo―. Tienes plazo hasta nuestro próximo atraque para haber convencido por lo menos a la mitad de esa tripulación, tal y como lo prometiste.
―Sí... capitán. ―la palabra le supo agria en los labios, pero se obligó a sonar voluntarioso. Morkham clavó de nuevo una mirada sobre él:
―Si para ese entonces no tengo tu parte del trato, todos esos hombres serán colgados en cubierta, y tú les acompañarás.
―Entendido.
―Solo como recordatorio, nuestra próxima parada es Nassau. Tienes un mes como máximo.
Gárin asintió y se retiró de allí en silencio cuando Morkham le dio el consentimiento de marcharse. Cerró la puerta tras de sí y escuchó una acalorada discusión viniendo del otro lado de las paredes, pero su mente estaba en otro lado.
»Descuide, 'capitán'. La tripulación estará trabajando mucho antes de eso. ―se dijo, y ese pensamiento le sirvió para afianzar los pies sobre la cubierta y dirigirse decididamente a los calabozos.

Abajo, en la última cubierta del Hirondelle, las celdas continuaban sumidas en una eterna noche pútrida y húmeda. Uno de los hombres de Morkham se paseaba de aquí para allá sosteniendo una linterna de aceite que de poco servía para disipar las tinieblas y que con suerte le permitía ver por donde iba para no pisar ninguna rata. Se paseaba ignorando a corazón frío el clamor por comida y agua de los prisioneros que custodiaba, como si de animales de corral se tratase; con los cuales, probablemente se tuviera más consideración.
―¿Creen que Caylis esté viva?
La interrogante vino como surgida de ninguna parte. Tal era la oscuridad que las palabras se perdían en la misma. Podían venir de boca de cualquiera, pero como era imposible distinguirle, a la vez era la voz de nadie. Scott dejó descansar la cabeza sobre la fría y porosa pared de su celda. ¿Lo estaría? ¿Caylis estaba viva? Tenía que estarlo. No podía admitir otra cosa.
La puerta de los calabozos se abrió con un repentino rechinar, y decenas de ojos anhelantes se dispararon a la tenue luz que se filtró por la puerta; ansiosos aunque fuera de un atisbo de día dentro de su muy prolongada noche. Se quedaron en espera de ver a alguno de los hombres de Morkham, acarreando una cesta llena de pan duro y patatas cocidas; lo que había sido su única comida en los días que habían permanecido encerrados. Pero en cambio, una figura más delgada que la del maestre apareció recortada contra la luz del sollado y Killian se adentró en los calabozos, escoltado por dos hombres de Morkham. Marti lo reconoció de inmediato. Fue a levantarse, pero Scott se le adelantó y se puso frente a él echándose sobre los barrotes con intención de ir a tumbarlos y a punto de cumplir su cometido cuando estos vibraron contra los gruesos músculos del contramaestre de Caylis.
Muchas mandíbulas cayeron abiertas ante tal visión. Todos habían estado preguntándose qué sería de Killian. Si había sobrevivido, si había sido abandonado junto a Caylis, o si Morkham le tendría prisionero en otra parte... pero en cambio allí estaba, sin mordazas ni cadenas, luciendo ropas limpias y con un aspecto tan mejorado que parecía que hubiese estado totalmente ausente de los últimos sucesos. Sólo bastó un vistazo para que Scott empezara a comprender la situación, y la ira le subió hasta la cabeza y le hirvió detrás de los ojos. Bramó un rugido aterrador hacia él y sacó las gruesas manazas por entre los barrotes en fieros intentos de asirlo por el cuello:
―¡En donde está Caylis!
―Ha cumplido su condena. ―contestó el rubio con su ya ensayada frialdad.
―¡Bastardo! ―vociferó Scott sacudiendo los barrotes― ¡malditos sean tus muertos y maldita sea tu estampa, asquerosa sabandija traidora!
Gárin inhaló armándose de toda su paciencia.
―Deben escucharme.
―¡Por qué tendríamos que escucharte, basura! —vociferó Scott, encajando a más no poder sus gruesas carnes contra los barrotes en un intento desesperado de pasar por entre ellos para exterminar el traidor. Gárin no retrocedió un solo paso:
―Necesitan escucharme.
―¡Púdrete, canalla hijo de puta! ¡sabía que tenía que haberte abierto el pescuezo hace mucho tiempo cuando tuve la oportunidad!
―Scott... ―masculló Lea intentando controlar las lágrimas, firmemente aferrada al gancho de su hermano.
―Por favor escúchalo ―rogó Marti ante sus incrédulos compañeros, intentando abogar por su amigo. Scott lanzó un puñetazo contra los barrotes de la celda conjunta, donde se encontraba el pelirrojo con el fin de acallarlo:
―¡Cierra la boca! ¡tendrías que estar allá afuera con tu querido traidor, y no aquí entre los hombres fieles de Caylis!
Marti apretó la boca en una dura linea, sin ánimos de responder a la enardecida fiera de color negro que se revolvía contra el metal de las rejas.
―Aún así he venido a hablar. Quienes quieran vivir, más les vale escucharme. ―exclamó Gárin entredientes, empezando a perder su propio temple. Y por encima de los bramidos furiosos de Scott, Gárin dio un paso al frente y procedió— ¿No adivinan por qué están vivos aún, sucias ratas de sentina? Están vivos porque yo convencí al maldito de Morkham que les dejara con vida por que aún podía prestarle alguna utilidad un montón de basuras como nosotros.
—¿Le has convencido? ¿a qué precio, si se puede saber? —bramó Scott.
—Le he prometido que van a trabajar y a cooperar.
—Asegúrate entonces de ponerte bien apretada la soga al cuello antes de ir a verle de nuevo a contarle como su maldita oferta fue declinada.
—En ese caso vamos a necesitar más sogas. Porque de no aceptar, van a acompañarme a colgar del mayor. Todos ustedes.
El enorme cuerpo de Scott sonó de nuevo contra las rejas chocando estridentemente:
—¡Has vendido nuestra vida para pagar la tuya!
«La de Caylis —pensó Gárin; pero el que ella estaba viva lo sabrían a su tiempo. En este momento, aquello sólo podía entorpecer sus planes. Staford se encontraba a menos de tres metros sobre la escalera, observando cada uno de sus movimientos—. Iba a matarlos a todos junto con Caylis en tierra de todas formas. Me deben el que estén vivos en este momento.
—Muriendo de escorbuto y peste blanca poco a poco en un frío calabozo, alimentándonos de pan putrefacto —adujo otro de los hombres. Gárin se encogió de hombros.
—O trabajando afuera en cubierta, recibiendo dos raciones de comida decente y durmiendo bajo una manta. Con la luz del sol y la brisa en la cara. Tal y como antes. Salvo que con un capitán distinto. Es su elección.
—¡Jamás ataría un cabo, izaría una vela o dispararía un cañón por ese bastardo malnacido! ¡mucho menos lo haría por ti! Preferiría morir.
—Entonces estarás muerto antes de que pase este mes. Es el plazo que tienen para decir que sí. Morkham ha ofrecido una sola oportunidad. Con todos ustedes como testigos, su propósito era el de eliminar a Caylis y con ella a todos sus fieles, pero por alguna razón ha decidido que todos nosotros, pedazos de porquería, valemos algo. Tenemos dos opciones. Resignarnos a nuestra perra suerte, cooperar y trabajar, o balancearnos de la percha del mayor hasta que las gaviotas hayan acabado con nosotros y dejado nada más que un montón de cadáveres putrefactos y carcomidos.
El silencio reinó de nuevo en el calabozo. Gárin adivinó que con Scott de por medio sería el doble de difícil convencer a los hombres, y no disponía de mucho tiempo. Miró a su alrededor y a la escasa luz que entraba por la puerta abierta solo pudo ver varias decenas de rostros desesperanzados, presas de la incertidumbre y la duda.
—Mañana vendré nuevamente. Con suerte encuentre unas cuantas manos en alto. —susurró el rubio de forma sombría y emprendió el camino de vuelta a la cubierta dejando atrás las tinieblas del calabozo y más tarde, los rugidos enardecidos de Scott, ahogados por el sonido de las cadenas y el rechinar de las puertas del calabozo, y finalmente, silenciado por completo por el sonido del mar golpeando el casco del Hirondelle.

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Re: El perro ovejero - Extracto de capítulo

Mensaje  violeta el Dom Dic 22, 2013 8:17 pm

Hoooo surcando surcandooooooooooooo!!! haaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa  bounce bounce bounce bounce bounce 

*_*

Pero que paso? Surprised AUXILIO!!!! QUE HA PASADO?  

Gárin diciendo: "Si capitán"
 pale 
Jamas en mi vida imagine que Gárin le llamara "Capitan" a Morkham.

Amiga que vuelta mas inesperada, quiero ver como llego a esto! Como Morkham tomo el barco! ... ¿Pero que le han hecho a la pobre Cay?. Esta super interesante. Pero ¡¿Gárin sirviendo a Morkham?! bueno lógico, lo esta haciendo para mantener su cuello a salvo junto con lo demás,  MFG! ESTO ESTA INTERESANTE! QUIERO SABER A DONDE VA A PARAR! Y QUE DIANTRES PASARA CONTINUACIÓN!

violeta

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Re: El perro ovejero - Extracto de capítulo

Mensaje  Draperdi el Miér Dic 25, 2013 3:44 am

Lau!!!! por fin he podido termianr de leerlo!!!! y ahora a comentar!! Puede que no sea un epic coment y que llegue un poco tarde pero en verdad entre unas coas y otras no pude leer antes.

OWWWWWWWWWWWW como nos plantas este cap sin ningun atecendente ni nada??? es como una tortura!!!! Como ha llegado todo a terminar asi??? sin cay con Morkham y toda la tripulación entre rejas.....el unico que sabe que Cay esta viva es Garin?? lo sabe Morkham???

Es todo un plan entre ellos???


Porque todo lo que hay son preguntas y ninguna respuesta??






Tanto nos odias???


Ok no por que has colgado lo de antes y vo a leerlo ahora....pero la forma en la que todos desconfian de garin....aliados y enemigos....ahora deberá sentirse tan solo.......Yo confio en el !!!

Draperdi

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Re: El perro ovejero - Extracto de capítulo

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